11.7.12

Mowat - Anglia

Mowat podría haberse subido al carro de la victoria de los solistas que, antes del nuevo pop, acaparaban la atención de los medios digitales en la segunda mitad de la década pasada. Lo hubiese favorecido su nexo con Leo Quinteros y Chinoy, a quienes produjo en “Los Accidentes del Futuro” y “Que Salgan los Dragones”, respectivamente. El acoplamiento a esa camada era natural, pero “Anglia”, el primer disco de este chileno radicado en Alemania (su segundo registro luego de “EP#1″ de 2008), tardó bastante en llegar.

Por fortuna, el atraso le sienta bien al debut en largaduración, un manojo de temas demasiado generoso en ideas como para ser ajusticiado con los rótulos que, hace algunos años, se atribuían a la canción de autor. Los típicos juegos de palabras que se usan para inventar géneros (tipo “neo esto” o “post aquello”) quedan cortos ante un álbum tan libre y disperso, donde manda una atmósfera que acerca la placa al catálogo de los argentinos Coiffeur y Daniel Melero.

Repasemos: Mowat toca múltiples instrumentos, desde guitarra hasta piano, pasando por flauta y secuencias. También canta, y si bien no tiene una voz de mucho carácter, su exquisito gusto por los arreglos suple las falencias que tiene como intérprete. Es pop ecléctico (‘Librando a la Mañana’, ‘Challas’) y también rescata formas folclóricas (‘Cruzan’, ‘Juanito’). Lo mismo que se podría decir de Gepe, con la diferencia de que acá no prima el espíritu colorista. El ánimo es otro, más lúgubre, y el sonido también cambia.

La pesadumbre y la angustia tienen el rol protagónico en “Anglia”. A su autor no le interesa mostrarse liviano y ameno; recién a la altura del cuarto tema (‘Vivir’) muestra su cara melódica amable, aunque eso dura sólo unos minutos. Lo cierto es que evidencia cero preocupación por hacer hits, una actitud común en Chile, salvo por un detalle: no es por falta de habilidad. Mowat muestra que sí sabe escribir temas oreja, sólo que le quedan cortos y por eso los deja de lado. Tiene mucho más que decir.

De hecho, hay tanto por contar que la portada del álbum y el resto de la carátula no presentan texto alguno. Los créditos están escondidos detrás del CD y la lista de canciones aparece en la contratapa. Lo demás son formas, manchas de colores que se encuentran con la oscuridad, imágenes de un bosque y de una ventana. Mensajes crípticos, flancos abiertos al siempre fascinante juego de las interpretaciones, donde nada está zanjado cien por ciento y todo es conversable. Igual que en este disco.

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