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30.10.13

Sons of the sea - Sons of the sea


Brandon Boyd era el Evan Dando de la generación nu metal. El tipo guapo que resultaba ser un gran vocalista. Tocado por la varita mágica de la creatividad, pero además portador de una facha que atrajo al sexo opuesto. Patentó un aspecto: si el chivo de Chino Moreno sobrevivía dreadlocks, gel y tinturas, y el jockey rojo de los New York Yankees era sinónimo de Fred Durst, Boyd hizo suya la imagen del poeta surfista con mirada ensoñadora y propensión a desnudar el torso lleno de tatuajes. 

También impuso una forma edificante de cantar, así como una manera de pararse en el escenario y tomar el micrófono; valiosas mercancías asociadas indeleblemente a su figura. Que alguien le pregunte a Doug Robb, el cantante de Hoobastank, si le sirvió de algo contarle a cientos de entrevistadores que venía del mismo lugar, el mismo circuito de bandas y el mismo círculo de amigos que Boyd. Si es honesto, dirá que sus explicaciones no valieron de nada: la voz de ‘The reason’ siempre ocupará un lugar en esa lista negra llamada “Clones del rock”. 

Los elementos que constituyen y definen el imitado estilo de Brandon Boyd preponderan en “Sons of the sea”, el debut homónimo del proyecto compuesto por el cantante y el productor Brendan O’Brien, responsable de los últimos tres discos de Incubus. Se trata, para empezar, de canciones con vista al horizonte que hacen del océano su musa; es decir, nada digno de extrañeza para los seguidores del grupo cuyo hiato se interrumpirá en diciembre para una excepcional gira sudamericana. 

Tal vez llame la atención la cercanía de Sons of the sea al pop, pero no debiera sorprender viniendo de un tipo que firmó temas como ‘Drive’ o ‘Talk shows on mute’. El terreno que explora Boyd es más bien conocido. Corre y salta, liberado del grillete que cargaba en su trabajo solista, “The wild trapeze”: ese empecinamiento en desmarcarse de su nave madre cuyo resultado fue un álbum insatisfactorio que, traicionado por el afán de crudeza de su autor, parecía una construcción a medio terminar. Ahora no tiene miedo de parecerse a Incubus. 

El aporte de Brendan O’Brien en esta dupla con pinta de solista camuflado consistió en encauzar los impulsos y pulsiones de su compañero, envuelto en una tempestad de ideas que derivó en la publicación al unísono de “Sons of the sea” y su tercer esfuerzo editorial, “So the echo”, un libro de fotos, textos y dibujos que redundan en la idea del mar como máxima inspiración. Aunque toma prestado el espíritu de ‘Home’ de Depeche Mode (‘Lady black’) y homenajea a Brian May de Queen (‘Space and time’), Brandon Boyd mantiene los pies en la arena, sin irse por la tangente. O’Brien sabe tratar con amantes de las olas: este año el productor también estuvo involucrado en otro lanzamiento de aire playero, el “Lightning Bolt” de unos Pearl Jam cada vez más dominados por el influjo de Eddie Vedder. 

Lo único que escapó al filtro de Boyd y O’Brien en “Sons of the sea” fue la portada, una ilustración del artista brasileño Bruno Borges que juega con la geometría y distribuye el espacio de manera similar a la forestal tapa de “Innerspeaker” de Tame Impala, pero en una versión rocallosa. La imagen contiene pistas: esas marcas incluidas en el diseño, similares a las de una carátula de vinilo gastada, sugieren que el disco debe ser comprendido a la antigua, es decir, como un todo indivisible. Pese a que el conjunto luce parejo, es posible distinguir fragmentos descollantes como ‘Jet black crow’, bañada de emotividad, o ‘Untethered’ y sus guiños a Muse. Brandon Boyd deja la toma de riesgos para otra ocasión: sus nuevas canciones predican para conversos.

17.10.13

Pedropiedra - Emanuel


La lista de términos relacionados a la carrera de Pedropiedra es enorme. CHC, junto a Nea Ducci y Sebastián Silva, fue el grupo de sus inicios. Ahora en solitario forma parte del sello Quemasucabeza, donde también militó en Caravana, el supergrupo de Rodrigo Santis de Congelador con Fernando Milagros y Felicia Morales, entre otros. Aunque su proyecto paralelo de mayor visibilidad es “31 Minutos”, en cuya banda oficia de batero. Incluso los baladistas Sin Bandera están conectados al cantautor de cejas hirsutas: Leonel García, el rubio mexicano del disuelto dúo, trabajó en su debut homónimo de 2009. Pero nadie pensaría en asociarlo con Miguel Bosé… hasta escuchar “Emanuel”.

En ‘Granos de arena’, un dúo con Gepe -otro con el que es fácil establecer un nexo-, el parecido con el divo español asombra. Y para bien: Pedropiedra adopta las muletillas vocales de Bosé y las inserta en una canción rica en detalles (tiene incluso un microscópico guiño a “El bueno, el malo y el feo” de Ennio Morricone) de dinámicos cambios cuyo mejor segmento es una fantasía de disco y funk que podría estar firmada por Los Amigos Invisibles, Jamiroquai o los últimos reivindicadores de ese sabroso estilo, los Daft Punk vía Nile Rodgers de ‘Get lucky’.

‘Granos de arena’ es una de las pistas centrales de un álbum que, para bien y para mal, ha sido promocionado por sus colaboraciones con los imprescindibles de San Miguel: aparte de Gepe, canta Jorge González. Su aparición en ‘Seres’, el tema que cierra, es un clímax con todas sus letras; un momento de auténtica solemnidad. El problema es que el intenso ex Prisionero le da un énfasis a lo que dice (“dolor”, “desesperación”, “lágrimas internas”, “fiebres de la mente”) que, en la inevitable comparación de estilos, hace lucir en extremo impávido y poco expresivo a su anfitrión. Sale airoso el invitado, pero el dueño de casa queda algo disminuido tras la visita.

Tampoco es un golpe bajo: antes de la despedida, Pedropiedra establece sus credenciales como un músico fiable que amerita seguimiento. Especialmente como letrista, aspecto donde ha crecido en forma notoria (la base inicial ya era firme), probablemente a raíz del talentoso entorno que lo rodea. En ‘Eclipse total’, verdadera partida de “Emanuel” tras una obertura homónima innecesaria que no aporta a la narrativa del disco ni ayuda a capturar la atención, desenfunda rimas impredecibles y comparte una abundante reserva de imágenes opiáceas. Encaja “brillo de imán” con “rayos de volcán”, y en el coro dice estar “transmitiendo desde el mar olas de telepatía / que rebotan en pirámides egipcias”.

Las vívidas confesiones de “Pedropiedra” y las peripecias tipo Marcela Paz de “Cripta y vida” encuentran su evolución lógica en “Emanuel”, una obra de cualidades cinematográficas en la que –no es coincidencia- trabajó Álvaro Díaz (“31 Minutos”, “Plan Z”, “El factor humano”) como una especie de asesor creativo. Se podría musicalizar un video exhibiendo las molestias que causa la publicidad electoral en las calles, e idealmente la posterior destrucción de panfletos, usando la contingente ‘Carteles gigantes’. Y la enternecedora ‘Luna luna’, cantada desde la perspectiva de un perro enamorado de la luna, podría cobrar la forma de un cortometraje si algún director se entusiasma.

La brújula está calibrada y apunta a la dirección correcta. Incluso en forma literal: ‘Lima’, una balada cebolla donde la guitarra es tratada como en un tema de Zalo Reyes, le da valor romántico a una capital que erróneamente ha sido menospreciada en nuestro país como un destino turístico. Los viajes siguen siendo un asunto de interés para el cantautor. El deseo de estar en otro lugar surge en el sencillo ‘Pasajero’ y persiste en la españolísima ‘Para ti’, un arrebato Gipsy Kings, dedicado quizá a la extinta progenitora que inspiró ‘Mi mamá’ en el debut, que deja ver que Pedropiedra no siempre anda con cara de póquer (“no sé sonreír y mucho menos llorar”, desliza en “Paraguas y máscaras”), sino que también se desfigura por la emoción. Así debería mostrarse más seguido.

16.10.13

Jane's Addiction: Mejor fiesta que concierto



Entre niños, nadie quiere hacer enojar al dueño de la pelota en una pichanga. Entre adultos, nadie quiere hacer enojar al dueño del boliche. Perry Farrell tiene poder en Chile: es el Intocable Señor Lollapalooza, un festival que ha traído mucha alegría a nuestro país, pero que -no se olvide- es un negocio y no una obra de caridad. En ese sentido, Farrell está peligrosamente más cerca de ser un inversionista o un político que cualquiera de sus correligionarios en lo que él alguna vez llamó “Nación Alternativa”. 

Anoche, en el Teatro Caupolicán, Jane’s Addiction tuvo que hacer poco para mantener viva la algarabía de un público que, en el mismo recinto y en pantalla gigante, vio la clasificación de Chile a Brasil 2014. Por San Diego, una caravana de autos pasaba una caravana de autos con rumbo a Plaza Italia a la misma hora en que unas 5 mil personas esperaban ansiosas que la música tribal envasada terminara para entregarse a otra celebración noble: los 25 años del fantástico “Nothing’s shocking”, uno de los discos ochenteros que supo vaticinar con mayor claridad y enjundia lo que vendría en los 90. 

El grupo apareció causando delirio inmediato, pero aun así se las arregló para que su cometido fuese un tanto desilusionante. No por culpa de Dave Navarro, impecable como si tuviese un pacto con el Diablo que le impide envejecer o errar una nota en su guitarra; ni del batero Stephen Perkins, listo para tirarse a una piscina después de sudar la gota gorda en traje de baño; menos del bajista Chris Chaney, tan quitado de bulla como efectivo en su ejecución. El responsable del desliz: Perry Farrell con su voz venida a menos y esa irritante creencia rockista de que plantarse sobre un escenario a tomar tequila desde la botella lo hace ver cool a los 54 años. 

Alguien debería avisarle que hasta Lemmy tuvo que detener el codo y desarrollar cierto sentido del decoro. No cualquiera puede ser como Eddie Vedder o Matt Berninger, y bajarse una botella de vino tocando sin afectar la calidad del show. Ahí es cuando Farrell deja de parecer el Douglas Tompkins del rock y recuerda un poco al Axl Rose noventero, ese tipo que –cuenta Jason Newsted- alegaba sufrir problemas vocales, pero nunca se despegaba de la champaña. Claro que en una versión mucho más digna, profesional y respetuosa hacia el público (la vara de esta comparación yace tirada en el suelo). 

El bajo rendimiento de Farrell menguó las posibilidades de que este concierto, que tenía en bandeja todas las condiciones para convertirse en algo histórico, pase a los libros como uno de los imprescindibles del año. En esta pasada, Jane’s Addiction incluso estuvo lejos de su debut en el primer Lollapalooza, más valioso en cuanto a producción y tocado con un vigor que se tradujo en mejores interpretaciones del vocalista. Al contrario, esta vez la energía se le agotó dando saltos, mostrando el abdomen y contoneándose (no hay correlato entre su estado físico y su estado vocal). Seducir al público es una capacidad que nunca perderá: como serpientes encantadas, los asistentes a la fiesta estilo L.A. –aquellos que pagaron su entrada, no los numerosos invitados- seguían sus movimientos y no dejaron que nada les aguara el momento. Bien por ellos.

Lo cierto es que ni siquiera se podía presagiar lo de anoche escuchando el reciente “Jane’s Addiction Live in NYC”, un débil registro en vivo que plasma -sin mucho retoque para mérito de los firmantes- el actual pasar de la banda, posicionada como un efectivo karaoke ambulante de grandes éxitos. ¿Habrá sido un mal momento? Los últimos videos de la banda subidos por fanáticos a YouTube sugieren que no: Farrell suele ser el eslabón endeble de la cadena. El resto de sus compañeros, exceptuando al “nuevo” de Chaney” que llegó mucho después de 1990, sigue tocando como en el tercer CD de “A cabinet of curiosities”. 

La segunda visita a Chile de Jane’s Addiction dejará, nuevamente, arriba la imagen de Perry Farrell como un gran entretenedor y consolidará su perfil de sujeto influyente en nuestros medios (no una sino dos radios transmitieron el evento) que vive con un traje de lentejuelas, listo para saltar al escenario, bajo su overol de obrero. Difícilmente se hablará mal de un tipo cuyo nombre se asocia a instancias tan gratas como pueden ser Lollapalooza o la clasificación a una Copa Mundial de Fútbol. Sin embargo, micrófono en mano, dejó bastante por desear: hay que hacer un esfuerzo adicional para quebrantar la energía imparable de “Ain’t no right” o “Stop!”, y lamentablemente eso fue lo que pasó. Molesta ponerse duro con una banda tan grandiosa, pero es imposible no pensar en las declaraciones de Eric Avery al presenciar en vivo a esta versión de Jane’s Addiction. El bajista original del grupo, quien se negó participar de las dos primeras reuniones y cayó a la tercera –aunque apenas por dos años- aseguraba detestar los intentos de recrear el pasado y prefería sólo rendirle honores viviendo en el presente. ¿Dónde está Avery ahora? Alejado de un proyecto que no lo satisface por motivos que, según lo visto y escuchado ayer, están saliendo naturalmente a la luz.

18.10.12

Ases Falsos: Dignificar lo cotidiano


Cristóbal Briceño, el cantante y guitarrista de Ases Falsos, pide a la gente que sigue Señal Escudo desde sus computadores que “todos los que estén con una mano en los genitales, por favor, retírenla por respeto a nosotros”. La banda acaba de tocar la hermosa ‘Pacífico’, una de las canciones mejor logradas de su disco “Juventud Americana”, y la colegial exigencia del vocalista le sacó risas hasta al –siempre muy compuesto- equipo encargado de la transmisión en línea.

Esa facilidad para trasladarse de un lado a otro del espectro emocional hace de los ex Fother Muckers un grupo entrañable. En vivo, compensan las deficiencias técnicas de su álbum debut con una solidez que nos recuerda que, antes, eran otra banda. El cambio les hizo bien, eliminaron ese tufillo a rock clásico que hacía predecibles sus temas antiguos, y se abocaron a dignificar lo cotidiano mediante sus letras.

‘Séptimo cielo’ conmueve, ‘Venir es fácil’ contagia, ‘Quemando’ incita, ‘La sinceridad del cosmos’ convence. Podríamos seguir enumerando, el punto es que las canciones de Ases Falsos no son inocuas, siempre apuntan a provocar alguna reacción, y eso es lo que consiguieron. Con una porción de “Juventud Americana”, basta para despercudirse del tedio, recuperar el asombro y devolverle a la cara sus expresiones.

16.10.12

Garbage: La noche es joven


Todo el Caupolicán corea ‘Only Happy When It Rains’. En cancha, hay gente saltando mientras Shirley Manson dice que “sólo sonrío en la oscuridad, mi único confort es la noche cuando se vuelve negra”. Curioso momento, aunque la canción tampoco da para ponerse muy serio: es más bien una burla a la actitud cuidadamente depresiva del grunge que Butch Vig, sentado atrás en la batería, ayudó a fecundar para después lapidarlo con su banda tras numerosos intentos de asesinato (‘What’s Up?’ de 4 Non Blondes, ‘Mr. Jones’ de Counting Crows y un largo etcétera).

Pero, aunque sea sin querer, todos entienden la broma: Garbage también se mofan de sí mismos. “¿Quieres escuchar mi nueva obsesión? Estoy cabalgando alto sobre una gran depresión, sólo soy feliz cuando llueve”. Les queda un tema para irse a camarines y pensar en el bis. El elegido es 'Battle in me', antecedido por ‘Vow’, single debut del cuarteto y el culpable de este concierto. Antes de grabar su video promocional, la banda jamás había tocado en vivo (en un comienzo, no estaba en los planes salir de gira), y esa primera vez llegó por petición del director Samuel Bayer. Según ellos, recién ahí notaron la química que tenían en vivo, una afinidad que sólo ellos perciben dentro de un espectáculo armado con rigor marcial.

Con el grupo tras bambalinas, es el momento de recapitular. Lo vivido hasta ahora ha sido un gigantesco martillazo en la cabeza. Saiko se fue a la segura con un compendio de grandes éxitos (‘Limito con el Sol’, ‘Cuando Miro en Tus Ojos’, ‘La Fábula’ y otras) que el público recibió con los brazos abiertos, y sentó un buen precedente para su concierto de aniversario, que también será en el Caupolicán. Pasada la espera, Garbage entró pieza por pieza: Duke Erikson a la derecha, Steve Marker a la izquierda, y atrás Butch Vig. Una formación completada por el invitado a la gira de “Not Your Kind of People”, el bajista Eric Avery (retirado por segunda vez de Jane’s Addiction), y la estrella, Shirley Manson. Espléndida, la cantante entra última y desfila por unos segundos, entregada a los flashes que le llueven. “Shirley, fuck me”, se lee en el cartel de uno de sus admiradores.

‘Automatic Systematic Habit’ abre el set y los apetitos. La sigue ‘I Think I’m Paranoid’. Nada de dejar los éxitos para el final: ‘Shut Your Mouth’, ‘Why Do You Love Me’, ‘Queer’ y ‘Stupid Girl’ son desenfundadas con rapidez samurái. “La noche es nuestra, la noche es joven”, declara Manson. Sus palabras de aprecio para Chile y los gestos de sorpresa en su cara, ante la popularidad de sus canciones, son lo más natural de la noche. Ella se sabe protagonista: cuenta que vieron “Il Postino” en un bus de gira y que hasta sus compañeros lloraron, culpa a su ex sello por no dejarlos venir antes a Sudamérica, pide -medio en serio, medio en broma- que no le saquen fotos indiscretas, actúa en cada canción. Se toma la cabeza, camina en círculos, va de un lado a otro de la tarima, hace morisquetas para el deleite de los camarógrafos en las primeras filas. Y canta, canta como si creyera cada línea que sale de su boca, aunque sonríe hasta después de la sufrida ‘Cup of Coffee’.

El resto del grupo está enfrascado en reproducir ese sonido perfecto, tecnológico y cerebral que patentó en los 90. Ese rock cuyo hábitat es un estudio lleno de máquinas, perillas y cables. Que no da lugar a improvisaciones, que baja del cerebro a las manos y de las manos a Pro Tools. Pero que emociona finalmente. ‘Special’, otra favorita de la audiencia, causa nostalgia a raudales, y acaba con Shirley Manson citando ‘I Go To Sleep’ de los Kinks. Es probable que el guiño, en realidad, sea a Chrissie Hynde y la versión de The Pretenders. En fechas previas a las de Santiago, Patti Smith era la saludada con un cover de ‘Because the Night’ que acá se quedó en el tintero. Fue una de las pocas omisiones en un repertorio generoso, al que poco le faltó para convertirse en una versión en vivo del recopilatorio “Absolute Garbage”.

Para el bis, otra regresión: ‘Supervixen’, la apertura del homónimo disco debut, muy agradecida por los que conocieron al cuarteto cuando su nombre era una novedad que compartía fama con The Cardigans y The Cranberries. Luego de ‘I Hate Love’, y como ya se ha hecho costumbre en esta gira, un pedido del público, plaza peleada entre ‘Bad boyfriend’ y la vencedora ‘Milk’, entonada por ese personaje perturbado que a Manson tanto le gusta encarnar (la misma hablante de ‘Control’, ‘#1 Crush’ y ‘Hammering in My Head’, tocadas en la primera parte del show). Inevitable, el cierre llegó con ‘You Look So Fine’ y la certeza de que Garbage disfrutó su estadía en Chile lo suficiente como para volver. Éste es un idilio en ciernes.

26.9.12

Ases Falsos - Juventud Americana


Hemos tenido que tragar demasiada mierda. Que nos mientan, que nos roben, que nos falten el respeto. Y más encima, que grupos poco talentosos saquen canciones sin mucha gracia sobre este circo llamado Chile. El arte de escribir letras después de leer noticias, salvo en esa rama del hip hop a la que podríamos llamar rap coyuntural, parece haberse esfumado de la panorámica criolla.  Nuestros músicos, benditos sean, producen cada vez mejor material de un tiempo a esta parte, pero cabe hacerse una pregunta: ¿qué tanto hablan sobre lo que pasa día a día en el país? La respuesta: poco, casi nada.

No es que sea mandatorio que cada uno de ellos se transforme en un agudo observador social. Ya hay bastantes que cumplen requisitos similares. Fernando Milagros retrató muy bien la atmósfera semi apocalíptica que dejó el terremoto en el contundente “San Sebastián”, así como Tenemos Explosivos esputó la rabia generalizada en “Derrumbe y Celebración” a través de su hardcore literato. Pero hacía falta ese disco que, sin caer en obviedades burdas, pudiese dialogar con cualquiera de igual a igual. “Juventud Americana” de Ases Falsos es ese disco.

Perspicaz, franco, deslenguado, crítico; el debut de la banda post Fother Muckers da un paso al costado y se separa del resto de la fila. “No soy y nunca seré un artista nacional / no te voy a revelar un frágil mundo interior/ sólo te voy a sacudir”, declama Cristóbal Briceño en ‘Estudiar y trabajar’, la pieza más decidora en un álbum pletórico de frases para sacarse el sombrero. Son letras plausibles no sólo por su  ingenio, sino porque varias de ellas representan el sentir de un gran segmento ante asuntos largamente debatidos como la crisis europea (‘Europa’) o la represión policial (‘La Sinceridad del Cosmos’).

Fondo y forma se amistan en “Juventud Americana”. La inteligencia de Ases Falsos es discursiva, pero también plástica; moldea contagiosos coros (todas las recién nombradas, el single ‘Venir es fácil’, ‘Pacífico’, ‘Salto Alto’) y estructuras interesantísimas (‘Fuerza Especial’). Para los fetichistas del audio, queda abierta la discusión sobre las falencias del registro, un tanto defectuoso. Los que juzguen sólo contenido, en cambio, deberían festejar la existencia de un trío con semejante capacidad de análisis, sentido del humor, y sobre todo, tino para no caer en la fastidiosa práctica de pontificar. Los Ases Falsos no nos miran desde las alturas: están entre nosotros.

25.9.12

La Big Rabia: Viriles antes que pueriles


Lo fácil sería decir que La Big Rabia perdió ese impulso inicial que lleva en su nombre, la furia que dominaba su primer EP, aptamente titulado "La bestia", y que en este momento el dúo está domesticado. De lo social a lo amoroso, de la contingencia pública a la privada, Sebastián Orellana e Iván Molina cambiaron de tópicos, y por ende su música también fue transformada.

Pero eso es reducir los hechos. Durante su presentación en Señal Escudo, las canciones de "Congo zandor", el primer larga duración de esta pareja de guitarra y batería -apoyada en vivo por el tecladista Daniel Baeza-, matizaron lo que de otra forma hubiese sido más aguerrido, aunque también más parejo y plano. La diferencia aflora de inmediato: si antes los conciertos de La Big Rabia empezaban con 'Nuevo discurso rabioso' (una diatriba), ahora parten con 'Somos dos' (una bienvenida).

Distintas entre sí, las dos placas del tándem hacen un excelente conjunto cuando se alternan sus canciones, como ocurrió la noche del miércoles 12 de septiembre en Onaciú. 'El bonita' funciona al lado de 'Oh! María'; 'El supremo' junto a 'Nenita, yo realmente te amo', y 'Canción de amor' pegada a 'Dios'. Canciones que emergen desde la molestia, desde la incomodidad. Viriles antes que pueriles, Orellana y Molina enarbolan el estandarte del rock como terapia, como sahumerio para ahuyentar los demonios, y de paso, despertar una que otra conciencia dormida.

23.9.12

Dinosaur Jr. - I Bet on Sky

Las caricaturas mienten como un político en campaña. John Lennon, héroe de clase obrera; Ian Curtis, alma atormentada; Cat Stevens, templado trovador. Pamplinas. Tan sólo son historietas, la realidad tiene muchos más matices. Por eso irrita la caracterización de J Mascis como un eterno adolescente. Sí, el líder de Dinosaur Jr. es un tipo retraído y tímido, rasgos confundibles con los de cualquier víctima de la edad del pavo, pero sus principales características púberes eran otras: la egolatría y el desorden con los que encaraba el trabajo de la banda hasta 1997. No hay luces de esa inmadurez en “I bet on sky”, el nuevo disco del trío.

Del caos, la falta de comunicación y los codazos entre J Mascis y Lou Barlow, sólo queda el mal recuerdo y una guerra de declaraciones cruzadas cuya bajeza parece el manual de los hermanos Gallagher. Hoy, coexisten en armonía las fuerzas que antagonizaban a fines de los 80. Y no sólo comparten espacio sin chocar: también se potencian entre sí. “I bet on sky”, como todos los discos de Dinosaur Jr., partió en la cabeza, dedos y guitarra de Mascis. Sus maquetas fueron a parar a las manos de Barlow y Murph, quienes decidieron grabar juntos la base rítmica de bajo y batería en su estudio análogo, una casa con habitaciones repletas de micrófonos, cables y perillas.

El registro, noble y casi sin post producción, propala el misterio de la afinidad creativa entre los miembros del grupo; tres cuarentones que superaron sus mañas, y que están juntos por gusto y no por necesidad. El tercer disco post reunión de los de Amherst, Massachusetts, continúa la senda de “Beyond” y “Farm”, pero en un tono melancólico que se emparenta al intento solista de Mascis, el acústico “Several shades of why”, aparecido el año pasado. Apenas unas pocas canciones del manojo escapan de esa norma: las breves ‘Pierce the morning rain’ y ‘Rude’ (uno de los dos aportes de Barlow como compositor). ‘I know it oh so well’, con sus guiños funky, y Murph luciéndose en tom toms, es otra que arranca de la aflicción.

El resto es parejo en el mejor sentido de la palabra. “I bet on sky” avanza sin mayores sobresaltos, se mantiene estable dentro de su excelencia, y ofrece la seguridad de que no habrá errores de ningún tipo. Tal vez la letárgica ‘Almost fare’ sea el único paso en falso, porque lleva al extremo la neurastenia dominical que en otros cortes (como ‘Stick a toe in’) permanece a raya, pero tiene un solo de J Mascis capaz de acallar cualquier asomo de reclamo. Su guitarra con trémolo también ilumina ‘Don’t pretend you didn’t know’, el espléndido tema inaugural, adornado, además, por un clásico teclado mellotrón.

Tras la segunda contribución de Barlow, ‘Recognition’, más conectada a la energía del disco, llega lo mejor: el cierre con ‘See it on your side’. Seis minutos y medio de agridulce despedida, muros cayéndose a pedazos, peligro de trauma acústico y esa tristeza que sólo un desadaptado como J Mascis transmite con credibilidad. Enorme, un paso más cerca de su querido Neil Young, y distanciado por años luz de la mayoría de sus contemporáneos –los que sobrevivieron- que ahora rentan de épocas pasadas. Si existe la nostalgia por épocas jamás vividas, y lugares nunca visitados, puede sentirse mediante Dinosaur Jr. y “I bet on sky”. Sus canciones son un medio de transporte que siempre llega al mismo sitio: nuestro hogar.

14.9.12

También hay punk en Nairobi


Mientras nos deleitamos con los sabores musicales del Primer Mundo, también hemos adquirido algunos de sus vicios. La discriminación racial es uno de ellos. ¿A nadie le extraña que veamos a tan pocos negros rockeros? Seguro, siempre hay excepciones, pero lo único que hacen es confirmar la regla. En este caso, la norma es que los morenos sólo se dediquen a lo que malamente se llama “black music”, y que el rock sea patrimonio de blancos.

Pero el rock lo inventaron los negros. Es un hecho irrefutable. Y ningún sudamericano debería ser cómplice del usurpe y blanqueamiento del género más importante, robo que ha tenido lugar ante nuestros propios ojos y oídos durante décadas. Tampoco tendría que dejar que sus gustos sigan siendo moldeados a placer por Europa y Estados Unidos.

Poco podemos hacer desde acá para detener la discriminación racial que los músicos negros sufren en el Primer Mundo. Pero ampliar el espectro de referencias es un buen comienzo para, al menos, mostrar desaprobación ante una práctica que también se lleva a cabo contra nosotros, los latinos (de otro modo no se explica que Alejandro Escovedo siga en la medianía de la tabla).

Los músicos de los que habla este artículo están en la red para ser escuchados, Melody Nelson y The Skins incluso ayudaron personalmente a la realización de las siguientes líneas. Ninguno es una estrella en la actualidad, aunque algunos de ellos podrían serlo si tuvieran la piel de otro color…

NighTrain

Varios medios locales de Seattle, la ciudad donde NighTrain tiene su base, señalan a este combo femenino de punk como un número imperdible para ver en vivo. Tres años tocando en los alrededores, una gira por la Costa Oeste de Estados Unidos y un disco (“Derailed”). Son las credenciales de una banda que, en sus actuaciones, viste coloridos tonos vintage para animar las noches con sus desenfado garagero y soul. Selena "No Pick" Paquiet, Nicole "Christ Child" Peoples, Taryn "Hot Legs" Dorsey y Rachael F. componen NighTrain (nada que ver con el clásico de Guns N’ Roses), un ensamble que según ellas se define como “locomotor”. No porque suenen como vagones andando sobre rieles, sino porque su grito de guerra es “CHOO CHOO MOTHAFUCKAS!!!”. Un dato curioso: las cuatro se conocieron mediante un casting que buscaba mujeres instrumentistas para una obra de teatro. Fue tanta su química que, terminado el montaje, decidieron seguir juntas y convertirse en un grupo con todas las de la ley.

The Skins

Con miembros cuyas edades van entre los 13 y los 19 años, The Skins debutó en enero de este año con un asombroso EP homónimo, disponible en Bandcamp, y lo complementó con un single doble, titulado “Wreckroom”, en julio pasado. Los hermanos Reef (baterista), Kaya (bajista) y Bayli (cantante), junto a los guitarristas Daisy y Russell, forman un empalme que no distingue sexo ni raza. Provenientes de Brooklyn, The Skins citan como sus ídolos a Led Zeppelin, Black Sabbath y The Strokes. Pero la voz femenina hace que todas sus canciones suenen como si los abrasivos The Bellrays rejuvenecieran y empezaran a preferir un tipo de producción más depurada, aunque no por eso menos incitante. Sus grabaciones fueron costeadas a través de Kickstarter, la red de financiamiento colectivo de proyectos artísticos, y de seguro ninguno inversor se arrepintió de poner sus dólares en esta semilla que a futuro podría convertirse en un firme árbol. Es hard rock hecho y derecho. Hay que escucharlo para creerlo.

Radkey

Según estos tres hermanos, en St. Joseph, Missouri, su hogar, sólo hay dos tipos de bandas jóvenes: los que intentan amoldarse al sabor del mes, sea cual sea, y los tributos que se cuelgan de éxitos ajenos para ganar dinero. Un diagnóstico desolador considerando que viene de parte de adolescentes que recién abren sus ojos al mundo. Dee (17), Isaiah (15) y Solomon (13) formaron Radkey porque no querían dedicarse ni al rap ni al R&B. Lo de ellos viene de horas escuchando Nirvana, The Beatles y Pixies. Su amor por el rock alternativo se nota en cada segundo de sus canciones, inspiradas por vivencias escolares y también por la cultura pop, como evidencia ‘Skull crackin’’, tema que escribieron luego de ver el filme de culto “The Warriors”. Actualmente, Radkey prepara su debut, mientras mantiene una constante agenda de conciertos en bares donde ninguno de los miembros del grupo tiene edad legal para beber. Aunque ya tienen la costumbre de compartir con gente mucho mayor: la primera vez que tocaron en vivo fue teloneando a los señeros Fishbone.

Melody Nelson

A mediados de la década pasada, la tasa de nacimiento de grupos post punk era altísima. Inglaterra, convertida en el epicentro del revival, no ofrecía muchas garantías para un bluesman como Aidan Connell, atemorizado por el desolador futuro que parecía esperarle. Luego de instalarse en Londres, donde consiguió dinero ocasional trabajando como modelo (protagonizó una campaña de Rimmel junto a Kate Moss, entre otros empleos), alimentó su hambre de música inmiscuyéndose en el backstage de varios locales nocturnos. Así conoció al ex Can, Damo Suzuki, y también a The Stooges y Mazzy Star, de quienes recibió el mismo consejo: empuñar la guitarra y lanzarse al escenario. No había motivo para seguir esperando. Connell tomó el título del mejor disco de Serge Gainsbourg, “Histoire de Melody Nelson”, para bautizar a su proyecto de power trío, con el que pronto consiguió abrir conciertos de The Libertines y Razorlight. Al cabo de algunas fechas, la voz sobre sus calurosas presentaciones en vivo se corría de boca a oreja en el circuito británico de clubes. David Roback, la mitad del dúo Mazzy Star y uno de los que alentaron la fundación del grupo, definió a Melody Nelson como “una cruza entre Jimi Hendrix y Syd Barrett”, en referencia a sus inclinaciones sicodélicas. “Es la única banda de rock and roll en la ciudad”, dijo también un entusiasmado Seasick Steve, fortaleciendo la incipiente idea de que Aidan Connell es el salvador del blues inglés. “Black Hands”, el disco debut de Melody Nelson, agendado para noviembre, no se deja turbar por la presión impuesta y exprime lo mejor de un jugoso fruto regado por Muddy Waters y Howlin’ Wolf.

Crystal Axis

Nairobi, la capital de Kenia, no es el primer lugar que se viene a la mente a la hora de pensar en punk. Por eso, la sola existencia de Crystal Axis resulta interesante. En sólo 20 minutos, a través del mini documental “DIY: The art of being punk (in Kenya)”, disponible gratis en Vimeo (aunque sólo en inglés), podemos conocer la interna de este grupo, formado por colegiales que adoran a Jim Morrison y a Green Day. “Decimos que no a la autoridad, a la música, a la poesía y al arte”, declaran con saña infantil en su perfil de Facebook, para luego mostrar la realidad a través de la producción audiovisual que comparten en línea: sólo son unos niños que intentan convencer a sus papás de que los dejen tener una banda. Es una historia demasiado familiar. “Primero, vas a la universidad y sacas tu cartón. Después, si quieres, puedes tocar”, afirma el padre del guitarrista de 17 años, Djae Aroni, sentado en el living de su casa. La transparencia de “DIY: The art of being punk (in Kenya” no hace más que enternecer, mediante escenas como una conversación en el patio del colegio, donde los integrantes de la banda se quejan de que se les exige andar de pelo corto y usar uniforme; o la mamá de Aroni contando que se enteró por casualidad de que Crystal Axis ya daba conciertos, hecho negado por su hijo, temeroso de que no le dieran permiso para salir a tocar. Es una historia demasiado familiar. “Primero, vas a la universidad y sacas tu cartón. Después, si quieres, puedes tocar”, exige el padre de Aroni, sentado en el living de su casa. Justamente, en uno de esos conciertos (teloneando a Murfy’s Flaw, una de las pocas bandas de rock profesionales del país) se aprecia la precariedad de la escena: Crystal Axis cubre ‘Killing in the name’ de Rage Against The Machine, frente a escasos espectadores, entre ellos, los padres de los integrantes de Murfy’s Flaw. El imberbe cuarteto baja del escenario, de inmediato es reprendida por el “lenguaje vulgar” de la canción y termina pidiéndole disculpas a sus anfitriones, innecesariamente acomplejada ante la presión del entorno, tan sólo por expresarse con libertad. También hay composiciones propias, circulando en Reverbnation y YouTube, con títulos como ‘Devil sold his soul’ y ‘Melancholy screams’, en espera de “State of Unease”, el EP con el que la banda debutará oficialmente en las próximas semanas.

The Breathing Light

Dos compañeros de clase de la Alabama AM University, aburridos de saber tocar y no tener una banda, empezaron a improvisar melodías y escribir letras. En el camino, su impulso fue reuniendo a una formación rotativa de jóvenes músicos negros hasta que The Breathing Light se constituyó, oficialmente, en 2008 con Kyle O en guitarra y voz, Tre en batería y la presencia femenina de Camille en bajo. Ellos mismos definen su lánguida impronta como punk romántico, inspirados por la ingravidez del shoegaze británico que escuchaban, y la oscuridad de algunos de sus grupos favoritos, como Christian Death y Misfits. “Nuestras canciones suenan como si nos viniéramos recién levantando”, admiten. “Nos interesan tres cosas: el punk, andar en skate y la mierda triste”, afirman. Instalados en el caos de Chicago, donde conviven diversas escenas independientes, muchas veces desconectadas entre sí, The Breathing Light produce su material artesanalmente. En YouTube y Vimeo, pueden verse algunos de sus videos, siempre caseros, que transmiten la sensación de estar observando los registros personales de tres amigos. De hecho, lo son. Ninguno constituye una obra maestra, pero se defienden bien gracias a canciones como ‘Real’ y ‘Friends (Pansy)’, una conjunción de noise de baja fidelidad e influencias que van más allá del rock. Antes de embarcarse en este proyecto, sus integrantes pasearon por las jam sessions de Huntsville, donde se reúnen viejos músicos jubilados a improvisar soul, blues o jazz. Algo de eso quedó en ADN de este grupo, preocupado de advocar por los derechos homosexuales (se declaran “queers”) y de dividir su material en dos: el que va hacia internet –en Soundcloud es posible escuchar un demo y su EP “It”- y el que irá en su primer larga duración, cuya fecha de salida aún se desconoce.

13.9.12

Acople Records: La realidad del puerto


Es un sello chileno. Tildarlo como “de región” es tan absurdo como la etnocentrista y xenófoba expresión “world music”, un término de origen académico, pero adoptado por los dueños de disquerías para tener “todo el resto” en un estante común. Desde Valparaíso, su centro de operaciones, Acople Records nos habla sobre su primer año y medio de funcionamiento.

EL NÚMERO 6

“Somos seis bandas (Lisérgico, Fatiga de Material, Cajitas Rectangulares, Kafarenass, Diente Diamanto y Gonzalo Sáez) y seis personas a cargo de las gestiones. Cada uno aporta desde su área de especialización: comunicaciones, grabación en estudio, contenido audiovisual, diseño gráfico y eventos”.

VALPARAÍSO VERSUS SANTIAGO

“En Santiago, todo funciona más rápido, es cuestión de ver a la gente cómo se apura para subir a un vagón del Metro cuando detrás viene otro un minuto después. En Valparaíso, da la impresión que todo se mueve a la velocidad del trole, de un barco saliendo del puerto o de los ascensores que suben a los cerros (que en realidad ya ni se mueven). Esa diferencia de alguna manera trasciende al trabajo creativo de los músicos. Por otra parte, está la idea de que en Santiago es más fácil hacer ruido, y que haciendo ruido en Santiago se hace ruido en todo Chile. Pero es sólo una idea, debe haber mucha gente de Santiago que está en el mismo pie que Acople Records o incluso en un estado de desarrollo más básico. Lo que queda claro es que no se puede avanzar sólo, el trabajo debe desarrollarse en forma asociativa, y eso no debiera ser distinto en Santiago, en Valpo o en el extranjero”.

DOBLE SENTIDO

“La palabra “acople” tiene doble significado. Por una parte, hace mención a un ruido molesto. Por otra, se refiere al ensamble de partes que componen un todo. Acople Records se identifica con ambas ideas: Hacer ruido y trabajar en equipo generando una red de apoyo para sus integrantes”.

“NOS NEGAMOS ROTUNDAMENTE AL OLVIDO”

“Es la frase que aparece en nuestra página web. Documentar es registrar, la idea es capturar todo el trabajo de quienes integran el sello, en todos los formatos: audio, video, fotografía, editorial, gráfica, etc. Pero, en realidad, esas palabras se refieren a la intención de perdurar en el tiempo con un contenido que, a la vez, sea tangible. Por eso se apuesta por ediciones en formato físico: CD o DVD, en comparación a descargas que se liberan por internet, incluso sabiendo que hoy en día el negocio de un sello discográfico no está en la venta de discos. También nos interesa el registro gráfico, por eso nos planteamos como una agencia de contenidos musicales. Ahora, por ejemplo, estamos trabajando en un fanzine en base a las letras de algunas bandas de la región”.

AMPLIAR LA VISIÓN

“A un santiaguino que no tiene idea de lo que pasa fuera de su ciudad, cualquier cuestión que se le cuente será un aporte para que amplíe su visión. No habría que hablarle solamente de Valparaíso, lo que pasa acá no es muy distinto de lo que sucede en Concepción, La Serena, Valdivia, Talca, Osorno o Puerto Montt. Sobre Valpo, hay verdades irrefutables, como que es la cuna del rock en Chile, pero también hay mucho mito sobre lo que sucede en esta ciudad. Al final, lo más recomendable para ellos es invitarlos a descubrir por sí mismos la realidad del puerto como espacio para desarrollar el rock, quizás se impresionen o quizás se terminen decepcionando, no se sabe, pero mal no lo van a pasar”.

DRGTNS: Hacerlo bien

Desde su base de operaciones en La Somba Records, Matías Figueroa y Pepe Lastarria, las voces de DRGTNS, hablan sobre su nuevo álbum, “Cachoi”, disponible en calles y redes a partir de este mes. 

Ya está listo “Cachoi”, el segundo disco de DRGTNS (léase Drogatones), la aleación forjada por Matías Figueroa y Pepe Lastarria, ambos músicos y productores. Nacido como un proyecto de estudio junto al bajista Ra Díaz, hoy radicado en Estados Unidos, el grupo alista para este mes la secuela de su debut, el sorprendente “Rico”. Alta vara por superar.

Cuatro años separan a “Cachoi” de su antecesor, pero las actividades de sus autores no sólo incluyen tocar juntos, sino también involucrarse en otras bandas. Sólo un par de ejemplos: Lastarria toca guitarra y ruge en All Tomorrows, lo mismo que Figueroa hacía en Humana hasta su reciente y lamentable disolución. De esa sociedad, fértil y creativa, germinó también La Somba Records (ver recuadro), casa de Portugal y Find a Fiend, entre otros.

“Cachoi” promete once nuevas canciones, tres portadas intercambiables y la oportunidad de saber qué pasa por la cabeza de una de las duplas más llamativas de esta generación. Acá ofrecemos algunas pistas al respecto.

¿Qué significa “Cachoi”?

Siempre con DRGTNS tenemos palabras internas con las que bromeamos. Para la época de "Rico", fue decir que todo era rico, rico, rico y al final lo tiramos de talla como título y nos fue convenciendo hasta que le pusimos "Rico". Lo mismo con "Cachoi", que es como “¿cachai?” o su respuesta: “¿Cachai? ¡Cachoi!". No le damos mucha importancia a los nombres, somos de hacer que la música sea lo más importante y hable por sí sola, o sea, nos llamamos Drogatones. ¿Qué tipo de nombre es ése? (Ríe).

Otra pregunta sobre palabras: ¿por qué usan sólo las consonantes del nombre Drogatones?

Las ocupamos desde “Rico”, pero hoy en día es más oficial, más atractivo visual y gráficamente, la idea es que nos digan Drogatones, pero se vea como DRGTNS. Nombre y logo a la vez. También para que no sea tan evidente la palabra “droga”.

En comparación a “Rico”, ¿qué trae de nuevo “Cachoi”?

Ahora las baterías son tocadas y no programadas, algo que pasa por primera vez en un disco nuestro. Además, nos tomó mas de 2 años terminarlo, así que la instrumentación, composición y arreglos musicales son más elaborados y mejor pensados que en nuestras previas grabaciones.

¿Pasó igual con las letras?

Hablamos bastante sobre relaciones y sobre cómo lidiar o sobreponerse a estados de ánimo relacionados a ellas. De a poco nos hemos ido interesando en hacer alguno que otro comentario social, en esta ocasión logramos algo bastante interesante con la letra de un tema que se llama ‘Ese pueblo’, en el cual contamos con la participación y voz de Pedro Foncea de De Kiruza. La canción habla un poco sobre la sensación de no pertenecer al lugar geográfico en el que te encuentras por culpa de tu carrera o trabajo, por ejemplo, como le pasa a mucha gente de regiones que tiene que dejar sus ciudades, pueblos, raíces (y muchas veces sus costumbres) para poder ganarse la vida en la capital.

¿Cómo evalúan el ciclo de "Rico"?

Con un 6.2 en composición; 5.5 en producción y un 7 en ricura. Es un disco muy elaborado, invertimos mucho tiempo en él.

¿Comparten la impresión generalizada de que era un debut con un potencial de popularidad que, finalmente, no fue explotado?

De todas maneras. Pero, lamentablemente, no contamos con el apoyo o contactos en los medios necesarios para lograrlo. En todo caso, es la onda de DRGTNS no ser mainstream, sino más bien una banda de culto.

¿Los subvaloran?

Creemos que sí, pero esa es como la onda en Chile. No es por ser chaqueteros pero las bandas que encontramos buenas de verdad en Chile nunca son las que la están llevando mediáticamente, salvo algunas excepciones. Da la impresión de que la gente no escucha la calidad, quizás por eso hay tanta banda que suena mal y es popular. O, por otra parte, quizás simplemente nuestras canciones no son lo suficientemente buenas para este público. 

¿DRGTNS es un proyecto paralelo o un grupo con vida propia?

Es un grupo, aunque todos estemos involucrados en otros proyectos musicales y tengamos un método para trabajar bastante peculiar, hay una onda mágica ahí con los cabros que hace el trabajo muy cómodo y motivador.

¿Qué efecto causa en DRGTNS que sus miembros siempre estén involucrados en otros proyectos?

Sólo es ventajoso. Nos ayuda a explorar todas nuestras inquietudes musicales, y al momento de hacer música juntos, no tratamos de empujar demasiado todas nuestras ideas e influencias. Es bastante sano para una banda.

Ustedes bajan música nueva constantemente, ¿influye esa actualización a la hora de hacer discos como DRGTNS?

Mucho, sobre todo por el tema de la producción musical y para estar al día con lo que se está haciendo en cuanto a tipos de grabación, sonidos y timbres con los que se intenta romper esquemas musicales que suelen gastarse un poco entre tanta música clon que sale. Siempre aparece algo nuevo e interesante que te puede inspirar a crear algo aun más atractivo sonoramente.

¿Qué importancia le otorgan a la promoción en línea? Sus videos en YouTube son muy chistosos, por cierto.

¡Gracias! Todo lo que hemos logrado ha sido gracias a la promoción en línea, le debemos todo a internet. Encontramos que se crea una cercanía y onda muy especial con la gente que nos sigue, como que les caemos bien o mal porque nos conocen de los videos y eso lo encuentro buenísimo y poco común en las bandas en general. Como que el tipo con banda siempre proyecta una imagen cool y misteriosa, pero nosotros no estamos ni ahí con esa hueá, prefiero que sepan que nos gusta echar la talla y keep it real.

¿Les parece que la actitud más frecuente en el rock chileno es empaquetada o demasiado seria?

Da la sensación de que se cae en extremos: son demasiado serios o viceversa, tipo Sinergia o Los Mox! En DRGTNS es importante no involucrar nuestro sentido del humor en la música. Algunas de las bandas que mencionas caen muchas veces en eso y de mala manera. Una cosa es que tú seas gracioso y otra, totalmente diferente, es que tu contenido musical sea un chiste. Los que es nosotros, nos tomamos la parte musical muy en serio.

¿Con qué otra bandas chilenas relacionan su sonido o propuesta? 

Difícil, nos identificamos más con el sonido de la década de los 90 en la música chilena, "la época dorada", cuando había sellos con lucas y bandas alternativas sacando muy buenos discos… Dracma, Christianes, Pánico, Los Tetas, Solar.

¿Y escuchan grupos chilenos actuales?

Nos gusta lo que hacen Astro, Epicentro, Octopus, Juana Fe, Fernando Milagros, Javier Barría, Sacramento, Portugal, Res y Nano Stern.

¿Cómo va su sello, La Somba Records? ¿Qué planes tienen, aparte de DRGTNS?

La Somba siempre ha sido una sello virtual y sin fines de lucro, así que muchos planes no hay, es más bien una chapa para las bandas que producimos y nos gustan. Lo último fue All Tomorrows y dentro de poco saldrán los nuevos discos de Portugal y Find a Fiend.

Volviendo a "Cachoi", ¿qué podemos esperar del disco?

Una producción de primerísima calidad, hecha a mano con mucha dedicación y bastante tiempo. Lo grabamos nosotros mismos al igual que todos nuestros trabajos anteriores, con la diferencia de que la masterización estuvo a cargo del muy capo Joaquín García, quien ha trabajado con bandas como Soda Stereo, Lucybell, Los Prisioneros, Tiro De Gracia y Gondwana, entre otros. Su trabajo realmente llevó el nuestro a otro nivel.

12.9.12

La Big Rabia: Del amor y otros demonios


Las historietas de R. Crumb, los boleros y la mitología haitiana coexisten en “Congo Zandor”, la nueva entrega de La Big Rabia, un power dúo que mitiga sus dolores a base de guitarra y batería.

Sebastián Orellana está sentado, en penumbras, guitarreando con la actitud tosca y melancólica de los viejos boleristas. Un sangrante Iván Molina se lacera, como un antiguo sacerdote, y junta las manos en plegaria. La portada y contraportada de “Congo Zandor”, el primer disco de La Big Rabia, sitúa a cada miembro del dúo con su respectiva fijación: uno con el desamor y el otro con la religión. Ahí, en el punto intermedio entre ambos, habitan las nuevas canciones del proyecto que, hace menos de un año, debutaba con el EP “La Bestia”.

Poco queda del descontento social explícito que caracterizó  su primer trabajo. Las nuevas piedras en el zapato de La Big Rabia son igual de universales que antes, sólo que ahora lidian con molestias engendradas en el interior de las personas, en esos vacíos que millones intentan llenar con romances y oraciones.

¿Siguen igual de enrabiados?

Orellana: Seguimos igual de enrabiados, pero ahora estamos más contenidos, como digo en ‘El Arrepentido’, una de las nuevas canciones, "como buen animal estoy bien contenido y voy vagando sin hablar porque del silencio he aprendido, que no hay peor sordo que el que no quiere escuchar”. Siempre habrá cosas por las que enrabiarse, en "La Bestia" era un personaje muy explosivo, la rabia nos superaba, pero creo que en este disco nosotros superamos y manejamos esa rabia.

Molina: En este tiempo, me han pasado cosas muy buenas, que me tienen feliz, y he hecho también procesos (como ir al psicólogo), para no ser tan enojón. Ahora la rabia está algo más intelectualizada, si se quiere. En “Congo Zandor” hay mucha rabia igual, pero contra la mentira, la farsa de la religión… ya no es tan política. Ahora, las cosas de rabia “histórica” siguen estando, mi temperamento es inestable, pero puedo dirigir mis explosiones hacia cosas más productivas. Por eso me puse a componer, por primera vez en mi vida, y me dejó muy satisfecho el resultado, además de que Seba me ayudó, y me entendió muy bien.

¿Por qué ya no hay letras abiertamente políticas?

Orellana: Porque al momento de componer uno no piensa mucho, escribe lo que le dicta el corazón y supongo que en esos momentos de estar haciendo las canciones para este disco había otras cosas en mi cabeza, otras cosas que quería decir... Pero creo que no es un tema menor en nosotros la política, es algo que nunca dejará de estar presente en nuestras vidas por el simple hecho de que encuentro que todos esos hueones (los políticos) son la bacteria del mundo.

Ustedes dicen que “La Bestia” es un EP y que “Congo Zandor” es un LP. Sin embargo, en este nuevo trabajo sólo hay tres canciones más que en el anterior. ¿Qué hace la diferencia?

Molina: El punto de vista conceptual. “Congo Zandor” está mucho más logrado como un todo, es más homogéneo que “La Bestia”, que para mí es como el prólogo de este álbum. Y si bien rescato y me gusta la visceralidad del EP, siento que el LP es más profundo, me parece más desafiante, más en serio, más adulto... de una manera creativa y artística. Es raro igual, porque yo prefiero el sonido de “La Bestia”. Las baterías y la mezcla general me gustan más, siendo muy sincero. Y si bien me parecen buenos y adecuados los arreglos del disco nuevo, prefiero sostener todo en el dúo, ser un poco menos obvios.

Al digipack del disco lo bautizaron “minivinilo”. ¿Habrá después un vinilo de “Congo Zandor" con todas las de la ley?

Orellana: Es la idea. Aunque no tenga muchos vinilos, creo que es un formato que me gusta mucho, creo que las mejores escuchadas de disco han sido en un tocadiscos, se escucha mejor, no sé la explicación científica de eso, pero tengo buenos recuerdos de escuchar vinilos, además, me encanta como se ve el arte del disco en formato vinilo.

BIBLIA NEGRA

¿Cómo se acercaron al bolero en este disco?

Orellana: Es el tipo de canción que más me ha parado los pelos, me emociona bastante, creo que nunca he llorado tanto con una canción que no sea un bolero, lo tengo muy cercano. Mi abuela es una fanática del bolero, en mi casa y en mi familia en Concepción es una música que gusta mucho, y siempre que me piden que les toque algo por el estilo. Es una música que en la gente mayor está muy presente, y creo que los jóvenes actuales no saben mucho sobre ella. En este disco, quise mezclar bolero con rocanrol, creo que es algo novedoso y que me sale fácilmente, porque es un estilo que tengo muy presente en el día a día, me encanta. Mi preferido de este estilo es Jorge Farías, de Tiempos Rudos.

Así como su inclinación por los boleros era impredecible en "La Bestia", ¿qué otros gustos tienen que no estén representados en “Congo Zandor” y que podrían hacer una aparición en el potencial tercer disco de La Big Rabia?

Molina: A mí me gustaría que hubiera mucho más blues, y algo de hip hop tocado en vivo, con batería. Era la idea del tema “El Supremo”. Y siempre con la base de voz, guitarra y batería, no me entusiasma meter más instrumentos. Es bonito como detalle y en lo que hicimos recién, pero es muy obvio, una solución facilona.

"Congo Zandor" habla de lo humano y lo divino, mezcla desamor y religión…

Orellana: Siempre hemos dicho que la idea principal de esta banda es reflejar en las letras todo sentimiento que nos cause rabia, creo que ésa es la relación personal que vemos entre ambas cosas, el desamor es un tema que está presente en todos los seres humanos y la religión creo que cada vez más pierde credibilidad. ¡Cómo no escribirlo si es un tema que da rabia! Los curas son unos violadores en todo el sentido de la palabra, creo que es un cuento que nunca voy a comprar y que nunca lo compré. Recuerdo que odiaba ir a misa cuando chico, porque era muy incómodo y muy fome estar escuchando a un loco que dice puras imbecilidades. Encontraba más entretenido ir a ver músicos, dicen cosas que me hacen más sentido que un cura en misa, aparte que los curas cantan como las hueas.

Molina: No sé en qué momento me dio por esto de lo religioso, con mucha rabia por la mentira con que se transmite y se utiliza un mensaje que parece intrínsecamente bueno, generoso. Leí un comic de Crumb donde se narraba el Génesis, y me impresioné un poco con esto de que el Dios católico era muy malo, egocéntrico (teocéntrico, en verdad), cargante, malo y cruel… nada que ver con el mensaje de bondad y de dar la otra mejilla. Eso me da rabia. Como que si hay que elegir, el demonio me parece harto más real y contingente. Dice las cosas como son, es hasta más humano. El amor de Dios, como lo pintan, me parece tan falso y politiquero como la rabia e impotencia que me han generado la indolencia, la traición, y la irresponsabilidad de algunas personas que en algún momento amé y me amaron. La estupidez humana no tiene límite, y tratamos, a cada rato, de hacer responsable a Dios de nuestra catastrófica torpeza, cuando nos conviene. Dios no existe, lo creamos para exculparnos.

"Congo Zandor" toma su nombre de un demonio haitiano. La Big Rabia es un grupo que expía demonios. ¿Cuál es su relación con ellos?

Molina: Yo estoy aprendiendo a sacar partido de mis demonios personales, a aprovechar y dirigir su fuerza, su energía. No siento a los demonios como algo malo así de maldad, sino como la contraparte fea de ciertas cosas que entendemos como buenas, bonitas. Hasta hace muy poco, pensaba en la clásica idea de que el artista tenía que sufrir para hacer arte verdadero, pero hoy en día me pregunto si realmente tiene que ser así. La opción de escribir de lo bueno que te pasa igual me parece muy válida e interesante. Trato de aprender a no juzgar y entender, y aprovechar las cosas en sí mismas, sin clasificarlas. En mi vida me han pasado cosas muy complejas para poder llegar adonde estoy. Cosas que parecen duras, feas y hasta vergonzosas. Supongo que esos deberán ser mis demonios. Pero a mí no me producen ningún rechazo, al contrario, agradezco su presencia, haber pasado por eso, porque ése es el camino que me ha traído hasta donde estoy, y me gusta donde estoy. Son como cicatrices, nada más, te dan carácter y te recuerdan la experiencia.

Orellana: Yo creo que muchos seres humanos son unos demonios, demonios de bien y demonios del mal. Tengo muchos amigos que son unos demonios (risas). Mi relación con ellos es mucho más cercana a Dios o esas cosas más santas, no quiero quedar como un satánico que sacrifica animales, no, pero me considero un demonio porque soy todo lo que la Iglesia Católica no quiere que sea como ser humano. Podríamos decir que muchos somos el diablo en persona, es cosa de sentarse a escuchar un rato a un predicador en Plaza de Armas, dan ganas de pegarle una patada en la raja, ahí te das cuenta de lo pitiados que están estos tipos, aunque me siento reflejado en ellos, de alguna manera: me visto similar cuando actúo en vivo y también hablo como ellos. En cierto modo, los cantantes son predicadores.

COMPAÑEROS DE PIEZA

Aparte de La Big Rabia, ¿qué proyectos tienen? Ambos se caracterizan por tener doble o hasta triple militancia en otros grupos.

Molina: Contrariamente a mi proceder habitual, mi único proyecto musical en la actualidad es La Big Rabia. Se dieron las cosas para poder elegir en buena si continuaba o no en los otros proyectos en que participaba, y opté por poner todas mis fichas en el mismo casillero, y apostar por mi dúo favorito. Estoy muy contento con lo que estamos haciendo, me gusta en lo estético, en la actitud, y en la parte lúdica, me creo mucho el cuento de lo que somos, no finjo. Con Sebastián nos queremos mucho y somos muy amigos, pero estamos en desacuerdo en hartas cosas. No en mala, yo creo que es algo que tiene que ver mucho con los distintos momentos en que estamos, y la vida distinta que cada uno lleva. Eso parece algo malo a priori, pero siento que la edad me ha otorgado la madurez para tomar esto como un importante aderezo al proceso creativo, una sana discusión, desafiante, que requiere de procesos para resolverse, pero que precisamente en ese desarrollo logra crecer, pulirse, y llenarse de matices que la hacen más completa, interesante, y atractiva, aunque siga pareciendo simple.

Orellana: Siempre me ha gustado compartir con otros músicos, soy muy malo diciendo que no a no ser que me inviten a algo muy malo. Me gusta, me encantan las personas, sobre todo si son músicos, soy muy amigos de los músicos, son personas muy diferentes al resto. Y bueno, estoy tocando bajo con Fernando Milagros; soy guitarrista en un proyecto que se llama Maldita Bohemia (una banda de boleros con César Pino y Natalia Álvarez de Chorizo Salvaje); este mes, vamos a grabar nuevo disco con Philipina Bitch, y tengo un nuevo proyecto one man band que se llama Puñete y Los Pies Frenéticos. Probablemente, también colabore con Rodrigo Santis en su nuevo disco de Caravana.

Para cerrar, una curiosidad: Iván vivió en la casa de Algorecords. Ahora que se fue, Sebastián ocupa ahora la misma pieza. ¿Qué tal la experiencia?

Molina: En mi caso, fue una de las épocas más felices de mi vida. Imagínate, me levantaba en pijama y zapatillas, a grabar en las mañanas. Cruzaba el patio y me metía a un estudio bacán. Se quedaba a dormir mi hijo, salía en la mañana, y se ponía a conversar con Jack Endino (el productor del primer disco de Nirvana y del último de The Ganjas), que estaba almorzando en la mesa del patio, y le firmó su vinilo de “Bleach”. Cuando volvíamos de las tocatas, yo ya estaba en mi casa. Era increíble, el sueño del pibe. Pero me enamoré, las cosas cambiaron, y ahora sigo muy metido en Algorecords, pero ya desde afuera.

Orellana: Vivir aquí ha sido una experiencia muy buena sobre todas las cosas, los que andan por este lugar son muy buenas personas y están todos en la misma, dedicándose a música, además he aprendido muchas cosas que no hubiera podido aprender en otro lado. Y lo otro es que se nota que me quieren harto y eso es algo muy importante para mí, el afecto recíproco y la ayuda mutua es algo que me da vida, sé que puedo contar con ellos, así como ellos conmigo. Larga vida a Algorecords.

16.8.12

Tenemos Explosivos: El fuego inolvidable

Su nombre firma uno de los mejores discos chilenos de este año, el soberbio “Derrumbe y Celebración”, y también es garantía de conciertos gobernados por el paroxismo. Sin cortes comerciales, el vocalista y compositor Eduardo Pavez devela qué hay detrás de Tenemos Explosivos. 

Porque trabajaron con Bob Weston, el bajista de Shellac, en la masterización de su disco. O porque su cantante ha ganado seis veces la Muestra de Dramaturgia Nacional. O porque todos sus miembros venían de tocar en otras bandas. Hay una larga lista de razones que hacen de Tenemos Explosivos un buen tema de conversación. Los autores de “Derrumbe y Celebración”, esa clase de álbum arrebatador y politizado que de tanto en tanto aparece en nuestro país, denuncian los males de nuestra sociedad de manera elocuente y con la razón de su lado: todos sabemos que sobran motivos para estar disconforme.

En su primer larga duración, sucesor del EP “Intervención Enérgica en los Asuntos de la Nación”, el quinteto usa al fuego como hilo conductor de un cancionero sobrecogedor y de finas terminaciones. Post hardcore, en estricto rigor, aunque sus temas no resisten análisis severos y amenazan con escaparse del canon (son muy comerciales, dirán algunos; demasiado agresivos, dirán otros).

Asamblea Internacional del Fuego, Criacuervos, Güesosanto, Johnsonoverdrive e Ihnala son los grupos que donaron sangre y órganos a Tenemos Explosivos. Pero “Derrumbe y Celebración” habla de un ente con luz propia, capacitado para encarar al mundo por sí mismo, y mostrarle el dedo corazón si es necesario. En las siguientes líneas, Eduardo Pavez, letrista e ideólogo de la banda, desempaña las claves para aproximarse al debut nacional de la temporada.

Tango y canciones de protesta 

"El término de "canción protesta" me suena ligado a la música popular setentera, donde lo importante era el mensaje de revolución que encaminaba hacia la dictadura del proletariado. Ya en términos de funcionalidad, no podría ligarlo a ello. Ahora, claramente, sí puedo aunar lo que hacemos a la idea de protesta como expresión de desencanto, y es que me gusta pensar en nuestra música como pienso en el tango: el tango no se queja por sus dolores. El tango grita. También llora la injusticia, pero luego hace justicia él mismo. El tanguero acuchilla. Nosotros hacemos música no para quejarnos, sino para gritar. Para ejercer ese acto primordial de sacar la voz y comunicar lo que creemos no está bien. Hacer lenguaje con el descontento".

Dramaturgia 

"Claro que mi experiencia en teatro influye. Si fuese pintor hablaría desde la pintura. Yo escribo textos donde (debido a la influencia de autores, principalmente, alemanes) no hay una búsqueda de contar un sentimiento, o narrar una historia personal. La búsqueda es la de armar significantes posibles: juegos de relación entre temas y palabras que originalmente no se unen en ninguna vía lógica, pero que producto de la mezcla y aglutinación semántica, dan la impresión de hacer sentido y hablar de una o más situaciones. Así escribo mis obras y así escribo las letras".

Suficientes rockstars 

"Hay gente desesperada por que le vendan algo: la nueva consola, la ropa de marca, la última volada revolucionaria... Nosotros no venimos a venderle nada a nadie. Somos cinco tipos que hacemos música, que tenemos dos neuronas funcionando y sabemos que la situación política y social es inaguantable y que son ciclos que se han repetido sistemáticamente con otras injusticias. No nos interesa si el oyente es experto en Kropotkin o nunca ha tomado un libro en su vida, porque no es relevante al caso ni a la música. Nos interesa que algo le resuene. Nada más. Lo que importa es el aviso y la música. No decimos nada nuevo, pero creo que buscar "la novedad" y "lo último" es una enfermedad de esta era acostumbrada a lo desechable. Hablamos de esto porque es lo más honesto que nos sale y porque (personalmente) no me interesaría escuchar ni ser parte de otra banda más que cante canciones de amor y se juren rockstars de chaqueta de cuero y lentes oscuros. Ya tenemos suficientes de esos".

“Ser intelectual” 

"Las letras están armadas desde una búsqueda: transmitir ciertas lecturas e ideas. Me hubiese encantado que, cuando tenía 15 años, además de rabia y consignas, las bandas de la época me hubiesen brindado un camino teórico, lecturas o ideas a desarrollar. No que me lo dieran masticado, sino que despertaran la curiosidad. Eso intento hacer: armar un corpus de temas para que los interesados puedan investigarlos por su lado. Como punto aparte: es lamentable que la acción de leer esté ligada a "ser intelectual". Creo que leer debe ser un ejercicio diario, pero el magro acceso a la cultura de este país impide el normal desarrollo de esa área. Dedicarse a escribir suena como un acto de burgueses con tiempo libre, cuando escoger plasmar ideas y diseminarlas debería ser considerado un acto revolucionario primordial. ¿Cómo transmitir ideas sino mediante textos depurados? La oratoria es interesante y algunas personas pueden hablar muy bien, pero eso no significa que sea suficiente ni un buen vehículo de transmisión. Las canciones pueden tener melodías muy lindas y aun así decir mentiras o banalidades vergonzosas. Si el trabajo no es honesto y se encuentra al servicio de un fin que no es comunicar (como "ser famoso", "ganar plata", "ser reconocido", etc.), entonces no tiene más valor social que un comercial de telefonía celular o un spot radial de descuento en las farmacias coludidas".

Lógica ciudadana 

"Creo en la organización ciudadana, la viralización de mensajes y la memética. Puede que haya mucha gente hablando de lo mismo, pero mientras más seamos, se arma un cuerpo más grande de gente sumada a la misma causa. Y es parte de la lógica ciudadana. Si son tres hiphoperos y un par de bandas los que gritan contra la hegemonía del capital y la rendición del Estado ante las transnacionales, es un impacto. Si yo puedo sumarme a ello, dar mi opinión, sumar gente que está de acuerdo conmigo y ser más personas en lo mismo, la masa arma fuerza y se organiza. Ese impacto es diferente. Nosotros no vamos a la cabeza de nada, no somos líderes. Pero todos somos animales políticos. Decidir levantarte en la mañana, para hacer funcionar la máquina de esta convención llamada dinero, es una decisión política fundamental. Escoger armar una banda y recordar la historia reciente es una opción política. Y es poesía, al mismo tiempo. Al final, vas a morir de todos modos, y la única pregunta que vale la pena es si te arrepientes de algo. Al decir lo que pensamos y creemos, esperamos que, al final, respuesta a esa pregunta sea un no".

La fascinación con el fuego 

"El fuego es el elemento que reúne a la sociedad primitiva. Es lo que brinda calor y alrededor suyo se transmite el conocimiento. El fuego es también un elemento indomable. Es conocimiento y es pasión y es fuerza y es hacer un pacto con lo incontrolable a cambio de no morir de frío. La relación del humano con el fuego es fundamental para la sociedad, porque es el elemento desde el cual nace. Estoy seguro de que, cual tragedia con sino aciago, el fuego es también el elemento capaz de derribarla. Son tiempos de rabia y conocimiento, y el fuego resume eso en la relación que tenemos con él".

Compromiso político

"Creo que el compromiso no está en ser dirigente de algo o pasearse por las poblaciones, porque no se condice con lo que hacemos cotidianamente. Yo no vivo en la periferia, por lo que salir a pasearme a darles un mensaje me resultaría pedante. Hay canales más efectivos que uno ante ciertas situaciones. Me recuerda a Gurdjieff, que se reía de los hombres que se decían espirituales y se iban dos meses a meditar a un monasterio y luego volvían a la ciudad a vivir sus vidas normales, creyendo que la espiritualidad es algo que ocurre en situaciones puntuales. Creo que el compromiso político es igual. Ocurre todo el tiempo. Todo pequeño acto es un acto político, al igual que toda relación de poder y toda relación que se tiene con figuras de autoridad. Si uno separa el compromiso en lugares, en etapas o en situaciones, comienzas a justificarte. Y me parece que justificar es el primer paso a traicionar".

Bob Weston

"En la banda todos tenemos gustos diversos, pero también hay ciertas bandas que todos encontramos increíbles. Una de ellas es Lack. El responsable de esa masterización es Bob Weston, el mismo de Nirvana, de Shellac y lo último de Fugazi. René lo contactó y les sugirió a los chicos del sello de Bolchevique que él se encargara de la master. A Bolchevique le gustó la idea, nos apoyaron en un 100% a organizar, corregir, enviar correos y demás. René lo contactó con su página web y listo. César Asencio, nuestro productor, fue el encargado de ir diciendo qué queríamos con el sonido y transmitírselo a Weston vía muchos mails. Su trabajo resultó impecable. Quedamos muy contentos con el sonido".

Correr la voz

"Cuando uno hace algo que le gusta y de lo que se siente orgulloso, es inevitable querer compartirlo. Sacas una foto bonita y se la muestras a un amigo. Escribes algo interesante y se lo lees a quien crees puede gustarle o sabrá apreciarlo. Esto es lo mismo. Nos gustaría que mucha gente escuche al grupo, pero no por afán de hacernos famosos o ganar plata. Son ganas de que otras personas puedan disfrutarlo como nosotros lo hacemos y como las personas que gustan de la banda lo hacen. De todos modos, el público del hardcore es un excelente público y es un grupo humano que otras escenas envidiarían tener. Son jóvenes despiertos, cuestionadores, con un nivel de autogestión impresionante, organizados. Son el público que cualquier banda querría tener, y son ellos el motor para seguir encerrados en una sala de ensayo armando canciones".

Derrumbar para celebrar 

"Recuerdo que alguien me dijo una vez "tus críticas no sirven de nada, no aportan a construir". Esa idea me pareció siempre ridícula. Por supuesto que no puedo aportar a construir algo en lo que no creo. Quiero que esto se caiga a pedazos luego. Mientras antes, mejor. La intención es tirar el sistema y los miedos. Los "topes", como dice Ouspensky. Tirarlos y ver que no valían nada. Eran sólo trabas. Y cuando hagamos eso, vamos a celebrar la independencia verdadera, que es la de nuestra patria real: eso que llamamos alma".

La saga continúa

"Estoy armando las letras de los seis temas nuevos que tenemos hasta ahora. Siguen la misma línea del Derrumbe y Celebración, pero estoy probando a contar pequeñas historias que hablen de un tema más grande. Si logro cerrar todas las temáticas, habrá un concepto general y el disco sería un bloque temático más grande. Estoy trabajando en ello. El sonido se viene intenso, un poco más fuerte musicalmente y con muchas melodías en contraposición al peso de los instrumentos".

"¿Y tú, eres triste o alegre?"

"Sólo algo que siempre me llama la atención y guarda relación con el estilo de una banda. Cuando me preguntan de qué estilo somos, me pregunto lo mismo. No porque seamos algo nuevo, sino porque querer encerrar en estilos a una banda es como preguntarle a alguien "¿y tú, eres triste o alegre?". Si alguien se encuentra en un estado constante, o está loco o es un iluminado. Nosotros no somos ninguna de las dos opciones. Nuestro trabajo fluctúa. Pasa de una manera de armar temas a otra. No tenemos un método para trabajar, pero sí hay elementos que no usamos y que son clave para otras bandas. Rara vez improvisamos algo, por ejemplo. Casi siempre trabajamos sobre ideas que alguien trae a ensayo. Armamos temas ("temas" de "canciones" y de "temáticas") y vamos viendo los resultados. Sí, suenan los mismos instrumentos. Y sí, cae dentro del rock, pero no podría definirnos más allá de un remix musical de todo lo que nos gusta como individuos que formamos una banda. Porque a ninguno del grupo nos gustan las mismas bandas, pero a la hora de trabajar juntos, resulta esta mixtura de formas, dinámicas y colores musicales que nombramos como Tenemos Explosivos. Como bien dice René: "esta es la banda sonora de nuestras vidas"".

13.8.12

Le Rock Psicophonique: Sentido de pertenencia


Atendido por su propio dueño, Rodrigo Jarque, el sello del grupo Inverness nos abre sus puertas. Acá, el cantante y guitarrista desclasifica los archivos de la etiqueta que ampara a su banda y también al dúo Prehistöricos, los solistas Nader Cabezas, Pablo Yovane y Martín Pescador, además de los grupos Jovenabuelo, Am Battom y Nhur.

Nacimiento

“Fue el 2006, cuando estaba editando mi disco solista, “Monstruos Bajo la Cama”. Había mandado el álbum a varios sellos, pero no tuve propuestas concretas por parte de ninguno. Pero yo no quería esperar, era frustrante, así que decidí inventarme uno, principalmente por la necesidad de pertenencia. Los sellos grandes eran como elefantes blancos camino a sus cementerios, así que hacer Le Rock Psicophonique también era una especie de mueca irónica, o un sarcasmo sobre lo que estaba ocurriendo con todos los imperios discográficos. Una especie de manifiesto más que un sello, un manifiesto de una forma de hacer música, de hacer rock”.

La expansión

“Nunca fue algo que se rigiera por un plan maestro. Simplemente el sello empezó a cobrar cierto vigor propio. Mis amigos hablaban del sello. Nader Cabezas editó su primer EP con The Last Breakfast en Le Rock Psicophonique. Fue algo natural. Después entendí que se necesitaba crear una escena propia. Que no cabríamos en ningún lado si no nos creábamos un espacio propio, con nuestro propio público. Y para eso era necesario llamar bandas afines. Basta de golpear puertas de casas ajenas, abriremos nuestras ventanas. En eso estamos ahora”.

Invitar a otros

“Principalmente los seleccionamos por afinidad musical y personal. Aunque, en realidad, somos un grupo de amigos que nos ayudamos en todo. Generalmente, cuando tengo una corazonada con alguna banda o músico, les escribo y les invito un café para explicarles lo mucho que sufrirán y pasarán hambre con nosotros, pero también lo bien que lo pasarán. Es más que nada una invitación a colaborar en varios aspectos”.

Estructura

“Es una especie de cooperativa. Nos ayudamos  en la difusión, distribución, gráfica, booking, etc. Básicamente, las bandas seguimos haciendo lo que siempre hacemos, sólo que ahora estamos agrupadas y cooperando las unas con las otras y viendo cómo expandir nuestros espacios”.

El anhelo

“Siempre he soñado con tener una gran casa en la que las bandas ensayen, graben sus discos, impriman el arte y los fabriquen, en donde se desarrollen las estrategias de difusión y distribución. Había que destruir los sellos, para querer empezar todo de nuevo, desde cero.  Sin embargo, nuestro proceso será siempre más orgánico, más pastoril. Las bandas siempre serán dueñas de todo lo que generen con sus manos”.

6.8.12

Surfin Caramba: Hombres trabajando

Cuando, hace algunos meses, los principales diarios del país dedicaban notas a los músicos chilenos que tocaban por el mundo, su peor omisión fue Surfin Caramba. En marzo pasado, el trío tocó en el encuentro londinense Bedlam Breakout (una reputada cumbre mundial de rockabilly y psychobilly), ante un público deseoso de saber cómo sonaban los invitados que venían desde más lejos. La atención se repite desde Puente Alto (en el Club Babilon tuvieron una jornada accidentada, pero de memorable final) hasta Berlín (donde está disponible "Navegando la tormenta" vía Crazy Love Records, el sello que también edita a Voodoo Zombie).

Surfin Caramba sobrepasa las barreras del nicho en que nació. En Señal Escudo, vimos cómo el grupo continúa haciendo suya "Arriba en la cordillera" de Pato Manns, a la vez que sus nuevos temas se sacan las caretas psychobilly para mostrarse a rostro descubierto: más realidad y menos ficción. 666, la voz cantante y pluma compositora al mando, está empujando a Surfin Caramba fuera de sus fronteras y lejos de las limitaciones de estilo presentes en los lanzamientos amateur de su primera etapa (2001 a 2004).

Pero, al mismo tiempo en que se escapan de los estándares actuales del psychobilly, apelando a sus raíces, Surfin Caramba es uno de los bastiones de esa pequeña escena en Santiago. No sólo animando tocatas junto a The Infiernos o Kaníbales Surf Combo, sino organizando citas como el Primer Festival Psychobilly de Santiago (con bandas internacionales y venta de merchandising). En vez de maquillarse, usan overol y operan como hormigas obreras para reforzar y expandir el circuito al que pertenecen. Loable.

26.7.12

Nader Cabezas - El hijo del monstruo

Difícilmente habrá en Chile un caso más emblemático de alianza entre poesía y música que “Alturas de Machu Picchu”, el legendario disco de Los Jaivas en que los versos de Pablo Neruda cobraron forma de rock progresivo, publicado en 1981. Pero la costumbre de tomar poemas y llevarlos al formato canción nunca ha dejado de existir en nuestro país. Algunos casos recientes: el rapero Cevladé rimando a Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud en el estupendo EP “Demonio maravilla”, y el proyecto Aspasia sampleando una lectura de Mario Benedetti (“No te salves”) en clave post rock.

En esa lista de intérpretes locales -que comprende nombres tan dispares como Andreas Bodenhofer, Dracma y Ginette Acevedo-, uno de los últimos ingresos es el curicano Nader Cabezas. Con un sonido emparentable al revival ochentero anglosajón, el cantautor de 34 años paga tributo a un coterráneo maulino, Pedro Antonio González, con una rendición de ‘Asteroides 39’ al comienzo del disco “El hijo del monstruo”.

Dueño de otros dos títulos (“Día blanco” y “Caminos, barrios y gente”) y una aparición en la banda sonora de “La vida de los peces”, Cabezas es uno de los últimos refuerzos del netlabel Le Rock Psicophonique, fundado por Inverness. Y tal como esa banda, amiga de los pedales y el sonido shoegazer, el solista derrama guiños a la Inglaterra de hace 20 años, aunque se inclina por lo afable: las canciones de “El hijo del monstruo” son guiadas por el ritmo y la melodía, y no aspiran convertirse en densos muros instrumentales.

Junto a Washington Abrigo, guitarrista de Inverness, Nader Cabezas elabora un pop bohemio y anhelante, no sólo por la nostalgia que suponen sus influencias, sino por el tono de sus letras. “¿Qué fue de ti? ¿Alguien se acuerda de tu historia?”, pregunta en la muy bien lograda ‘Doble en el espejo’; “Y es que hay tantas cosas que ahora nos separan, y todas tan hermosas que cuesta caminar de vuelta”, afirma en ‘Escaleras’, otro de sus varios aciertos.

A lo largo de “El hijo del monstruo” se repiten los umbrales, los accesos de un lugar a otro, las salidas que son entradas y viceversa. La figura aparece encarnada por pasillos y laberintos (‘El hijo del monstruo’, ‘Escaleras’), puertas (‘Trigo por lluvia’, ‘Doble en el espejo’) y escaleras (‘Botones negros’); en un contexto descrito con insistencia como oscuro y húmedo, gobernado por las sombras y el agua.

Lamentablemente, la inclusión de dos composiciones originales en inglés (‘Flashlight’ y ‘Lazarus’), hacia el final del disco, empaña lo que hasta ese momento era un repertorio afable y digno de canturreo. Ni siquiera el cierre, con un cover de la inmortal ‘Bette Davis eyes’ de Kim Carnes, compensa el desafortunado giro que toma el álbum cuando la tentación de sonar universal se torna un involuntario paso hacia lo genérico. Pudo haber sido un precioso EP de seis canciones, pero en vez de eso es una colección de nueve temas que padece el mal del caballo inglés.

23.7.12

Milodonte: No ser autómatas

La música de Milodonte inhala con mucha profundidad. El cuarteto exige una especial predisposición, pide que se aprecie el valor contemplativo de sus canciones. Pero ni hablar de languidez, porque el aire más bien se tensa con sus canciones, que no sirven para inyectarse energía electrizante, aunque de todas maneras pueden terminar crispando los nervios cuando el grupo exhala. 

Hay tensión en los temas de “Subsuelo”, el disco que sonó casi íntegro en este episodio de Rockaxis TV, uno de los más demandantes de esta temporada, estelarizado por una banda nueva y un tanto hostil al facilismo. A modo de prefacio: el estruendo guitarrero de Milodonte, y sus pasajes instrumentales, se disfrutan más en pleno conocimiento del legado de héroes como Sonic Youth y Trans Am.

Que haya un grupo chileno, formado por veinteañeros, reclamando para sí este tipo de sonido -asociable al post rock y al ansia melódica del college rock-, no es más que una respuesta a la era de inmediatez. Si todos corren a mil por hora, y andan buscando compensaciones rápidas, Milodonte suelta el acelerador y transita a su propio ritmo. Es una decisión consciente y plausible: no ser autómatas.

Los que se animen a invertir tiempo y paciencia en esta banda, cuya actual impronta es una novedad (hace un par de años debutaron con un disco disperso y carente de personalidad, llamado “Guía para los animales), serán retribuidos al descubrir la riqueza de ‘Otras especies’, ‘Así se formaron las rocas’, ‘Fisuras’ y los otros cortes de “Subsuelo” presentados en la sesión. Descubrir a músicos mientras ellos se descubren a sí mismos nunca pasará de moda.

12.7.12

Los Childrens: El Libro de la Selva

Se tomaron en serio la consigna de no repetirse a sí mismos. Año nuevo, vida nueva. Los Childrens versión 2012 son una bestia distinta.

Juan alias “J. Bass” Lagos, el bajista de Los Childrens, explica que la diferencia entre los dos discos de su banda está en la temperatura. Dice que el primero, “Cheap shit shia”, era frío, pero que el reciente “The electric signatures” es tibio. En efecto, el segundo trabajo del cuarteto serenense (disponible gratis en PortalDisc) es tan distinto al debut, que a duras penas podría considerarse una secuela. Más bien es un reseteo.

En esta conversación, el guitarrista y cantante, Jorge “Chak” Barahona, ahonda en la palpable metamorfosis del grupo.

Las canciones de “The electric signatures” tienen mucho de cine y paisajismo…

Sí, con este disco en la composición tratamos de salirnos del manual de rock y hacer algo más inspirado en lugares y situaciones. “Rick & Jonas”, por ejemplo, es un homenaje a Patt Garrett & Billy The Kid, y otras canciones están inspiradas en un viaje al sur de Chile que hice en verano con mi mujer.

También hay mayor trabajo de percusiones.

Surgió la idea de hacer algo mas rítmico. En “Cheap shit shia”, la idea era guitarrear con delay al máximo; en cambio, ahora las canciones fueron compuestas con guitarras de palo pensando que siempre las hermanaríamos con percusiones que le dieran harto groove. Ese camino nos entusiasma mucho, yo creo que en el tercer disco llevaremos las percusiones y el ritmo a un punto más extremo.

Hablando de componer, ¿por qué la fijación con la selva amazónica?

Tiene que ver con que somos del norte, últimamente he estado escuchando harta música del Perú y Bolivia por una cosa natural de comunicarse con tus vecinos, el norte siempre va a tener esa cosa alegre y mágica que inspira mucho. Aparte en la Cuarta Región se respira harto la cosa andina media tribal, así que imposible hacerse el gil con eso.

Es una fuente de ideas común en Sudamérica. ¿Les han dicho que la canción “Flying homesick stars” suena un poco a Divididos?

No nunca, pero siempre nos han comentado que determinadas canciones suenan a influencias en las que jamás hemos pensando al momento de componer. Me agrada que la gente se vaya en esa volada con las canciones de Los Childrens, me gustaría que algún día nos digan que sonamos como ABBA, seria grandioso.

Esa respuesta y sus temas nuevos, combinados, parecen un intento de desmarcarse de The Ganjas, Los Howlers y los otros grupos con los que se relacionaba a Los Childrens en sus inicios.

Cualquier banda que se precie de tal en algún momento busca desmarcarse de ciertos referentes y crear una identidad más autónoma. Ese cambio inevitable tiene que ver con sacarse de encima la angustia que genera la nostalgia, el apegarse a que está hecho y ya funcionó. “Cheap shit shia” tuvo bastante aceptación y perfectamente podríamos haber repetido la formula, pero, ¿para que apegarse a una manera de hacer música si puedes hacerlo de otro modo? O sea, me encantan los Stones, pero dame algo nuevo, por favor.

11.7.12

The Memorials: Magia Negra

El nuevo grupo de Thomas Pridgen, el ex batero de Mars Volta, salta olímpicamente las vallas impuestas por los géneros clásicos. ¿Metaleros, progresivos, punks? Cuando las etiquetas fallan, la música triunfa.

Aburrido de lidiar con el ego descarriado y las manías de Omar Rodríguez Lopez, el baterista Thomas Pridgen dejó The Mars Volta en 2009, luego de tres años, dos discos (“The bedlam in Goliath” y “Octahedron”) y un Grammy a mejor performance de hard rock por una canción prácticamente suya (“Wax simulacra”). Para llenar el vacío, reclutó a dos amigos de su época en la Berklee College Music, donde estudió becado cuando era apenas un quinceañero, con una idea en mente: formar su propia banda. Los elegidos fueron el guitarrista Nick Brewer y la cantante Viveca Hawkins; un rockero delirante y una voz de estampa soul conocida por colaborar con Cee-Lo Green, MF Doom y Talib Kweli.

Dos meses después de abandonar The Mars Volta, Pridgen ya estaba embarcado, junto a sus cómplices, en el proyecto al que poco después llamarían The Memorials. Comandado desde el sillín de la batería, el grupo tomó vuelo ejercitando en vivo y puliendo un estilo desordenado -con un alto grado de improvisación- y a la vez virtuoso, impreso en su homónimo disco debut, editado a comienzos de 2011. Si bien el álbum recibió comentarios dispares, sobre todo de críticos consternados por los patrones rítmicos de sus canciones, los shows de la banda fueron aplaudidos de forma unánime por la energía desbordante que transmitían.

No era para menos. The Memorials suenan como un tornado que se lleva consigo la clase de Buddy Rich, la personalidad de The Bellrays y el anhelo de ruido de Jimi Hendrix. Comparaciones que parecerían una hipérbole de no ser por un pequeño gran detalle: Thomas Pridgen es un prodigio. Una rápida revisión de su biografía entrega los siguientes datos: toca desde los tres años, a los nueve ganó un concurso de batería contra competidores adultos, a los 10 se convirtió en el músico más joven de la historia en ser patrocinado por Zildjian, entre sus profesores figuran Walfredo Reyes Sr. (Santana) y Troy Luccketta (Tesla), y su enorme versatilidad le ha valido invitaciones de la cantante y actriz Juliette Lewis así como del rapero Mos Def, entre otros.

De un tipo con tamaño palmarés, lo único que puede esperarse es la excelencia. Y para conseguirla, nada mejor que una firme ética de trabajo incesante, un sistema cuyo nuevo fruto es el disco “Delirium”, aparecido en junio pasado. En su segunda entrega, The Memorials deja respirar al oyente y encauza el exceso de vigor hacia el desarrollo pleno de sus composiciones. Prueba viviente del avance es “Daisies”, una fenomenal canción de amor construida en torno a una guitarra lenta que abre paso a seis de los minutos más electrizantes de este año. Claro que, para apreciarla bien, hay que sobreponerse del shock que provoca ser noqueado por la mole rítmica que encubre su melodía pop. Tal como sus autores: difícil de clasificar, fácil de disfrutar. Sólo hay que subir el volumen.

3.7.12

Tenemos Explosivos: Escupir fuego

Pasa rastreando a los grupos que aparecen en el libro "Prueba de sonido" del periodista David Ponce, buscando material en vivo de los míticos Tobías Alcayota, o intentando bajar un tema tan conocido como "Lucero" de Anachena. Encontrar material chileno en internet, da lo mismo si está dentro o fuera del radar comercial, siempre es más complicado que dar con el paradero de la banda de moda en Brooklyn, e incluso con exponentes de la vanguardia alemana de los 70.

YouTube es un gran ejemplo: no están en una calidad medianamente aceptable "Collide" de Criminal, ni "La fiesta eres tú" de Inti Illimani. Demonios, ni siquiera "No quiero verte así" de Alejandro de Rosas. ¿Y por qué tan larga introducción para hablar del post hardcore de Tenemos Explosivos? Porque Rockaxis TV, sin ser la panacea de este problema que aqueja al circuito local, es el aporte de este medio para sanar esa herida; el tremendo vacío histórico en nuestros archivos. Porque Tenemos Explosivos es la banda dueña del mejor disco nacional de este año, el incendiario "Derrumbe y celebración", y contar con este registro audiovisual es un privilegio que representa un avance respecto a épocas pasadas. Un regalo, en términos de Congreso, para los arqueólogos del futuro.

Pero no es necesario que pase el tiempo para valorar lo que captaron las cámaras de Rockaxis, el miércoles pasado en Onaciu. En el aquí y el ahora, el quinteto que encabeza Eduardo Pavez es una apasionante bestia que escupe ideas que arden. Sólo por su forma, enérgica, impredecible y perfecta en ejecución, las canciones de Tenemos Explosivos piden literalmente a gritos que se les aprecie. Una vez dado el primer paso, viene el fondo: darse cuenta de que hay horas de lectura, reflexión y dolor tras letras como "Cuerpo al aire" o "La renuncia del hermeneuta"; dos recordatorios sobre el dolor de los postergados y la verdad sobre los poderosos (ninguno llega donde está siendo una buena persona).

"Decimos basta ya a toda esta mierda que nos quieren hacer comer", reza uno de los numerosos sampleos que el grupo usó durante su extensa presentación, que sobrepasó con creces los cerca de 40 minutos que la banda suele tocar en sus recomendables conciertos. La frase usada comprime lo que transmite este híbrido con sangre de Asamblea Internacional Del Fuego y Criacuervos, entre otros donantes (para más detalles, revisar las intervenciones de Pancho Reinoso en el video). Tenemos Explosivos existe porque es necesario que así sea; cuando los panfletos ya no bastan, urgen razones de peso para seguir rebelándose, y en estas canciones abundan.