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8.1.12

Nuevacosta: Sentido contrario


Cuando está más de moda que nunca condenar a MTV, llega una banda que se bautiza en honor a Jersey Shore y que apela al pop chileno de los noventas como una de sus influencias: esto es Nuevacosta.

Polvo a polvo, ceniza a ceniza. Nuevacosta no salió de la nada. Pese a tener cerca de un año de vida, el grupo le debe su existencia, en buena medida, a proyectos que datan desde mediados de la década pasada. Tres de los cuatro miembros de Nuevacosta probaron suerte juntos por primera vez en TV Gamma, empalme encabezado por Pol Infante luego de lanzar un disco solista, bajo el seudónimo de Efectos Espaciales, y ser parte de los recordados Compiuters. Disuelto TV Gamma, y con Infante fuera del mapa, los restantes músicos continuaron el trabajo conjunto y sumaron a la tecladista Karin Gildemeister a sus filas. La nómina es completada por Angelo Santa Cruz en voz, bajo y guitarras, Gian Paolo Gritti en batería y Daniel Bande en sintetizador.

Entre los cuatro, intentan armar un panorama de lo que pasó desde que se juntaron hasta que, a fines de agosto, subieron como descarga gratuita su primera entrega, el EP Costabrava. “En algún momento vivimos todos en el mismo edificio. Nos juntábamos a tocar muy libremente, sin pensar en hacer un disco”, cuentan, aunque no todo lo que hacían era improvisar ensayos. “Antes de tener la banda, nos juntábamos a escuchar música en nuestras piezas. Podía sonar La Ley, Lucybell, Shakira, Nicole, Jon Secada o Miguel Bosé. Una vez llegaron los pacos porque teníamos a los Backstreet Boys a todo volumen, sonando demasiado fuerte. Lo pasábamos muy bien”.

La propuesta aletargada de Nuevacosta difícilmente es asociable a cualquiera de los recién nombrados, pero el grupo insiste en que un porcentaje de sus influencias está en el cancionero radial. En su primer comunicado de prensa, además de los referentes obvios (como la new wave y algunos toques de rock progresivo), el cuarteto destacaba al pop chileno de los noventas como una de sus inspiraciones. “Es un gusto musical compartido y espontáneo, nosotros vamos más a Lucybell que a Congelador. Igual queremos probar sonidos y mezclar lo kitsch con lo oscuro, pero no tenemos la pretensión de sonar experimentales o vanguardistas”.

“La afinidad es lo más importante. En TV Gamma, había una corriente más orgánica y de banda, y otra más electrónica, de computador y bases sintetizadas. Ahí chocábamos. Aparte, siempre estuvo presente la disputa entre el pop y la improvisación, o las cosas más progresivas. Nuestras ganas de expandir la música, sin miedo a que nos fuera mal, era la piedra de tope. No nos daba temor ser un poco más experimentales, queríamos liberarnos, que es lo que estamos haciendo ahora en Nuevacosta”, afirma Angelo Santa Cruz. La preponderancia del teclado, junto a las progresiones y atmósferas de Costabrava, hablan claramente de las inquietudes del ensamble, que en su primer video (para la canción ‘Uno’) opta por el misterio de aparecer en penumbras y no develar los rostros de sus miembros.

Para la banda no fue fácil darle forma a sus ideas. “Hubo un largo tiempo de mala suerte en que todo nos costaba, no podíamos ensayar, se nos echaban a perder los cables, nos robaron algunas cosas. Fueron cuatro o cinco meses así”, recuerdan. Pero, además de problemas logísticos, en el camino también se complicó la búsqueda de una estampa final satisfactoria. Luego de un intento de trabajar junto a Patricio Loaiza (uno de los productores del imprescindible Ser Hümano!! de Tiro de Gracia) que le sirvió al cuarteto para darse cuenta que no les gustaba quedar tan pulidos, los temas de Nuevacosta terminaron en las manos de Ignacio Rodríguez. Más conocido como Nes, y también por ser uno de los fundadores del sello BYM, el sonidista le dio el palo al gato. “Él tuvo al tiro afinidad con lo que escuchó, hizo una muy buena pega y una muy buena dirección de lo que queríamos. Dejó el EP opaco, tirado a los bajos, sucio y pasado por cintas. Quedó orgánico, no demasiado comprimido. Se distinguen los instrumentos. Se acerca a la realidad de cómo sonamos en vivo, porque nosotros teníamos ganas de registrar las cosas tal cual, más que de producir un disco”.

Pese a los buenos comentarios que despierta a su paso, y de recibir una invitación para telonear a Toro y Moi en su venida del pasado 3 de noviembre, el grupo asegura que no se siente parte de ningún nicho específico. Más bien, se consideran ajenos a todo lo que ocurre a su alrededor. “Nada nos representa, cuesta demasiado meternos en una escena o encasillarnos en un puñado de bandas. A veces tocamos en fiestas y compartimos escenario con gente que no tiene nada que ver con lo que hacemos. Ninguna banda chilena de ahora nos gusta, el paraíso del pop es muy lejano a lo que somos. Nos alegramos cuando al resto le va bien, porque de una u otra forma igual sentimos los coletazos, pero no somos parte de eso”, declaran.

“Cuando tocamos, ven a la Karin y preguntan por qué ella no hace los coros, si es mujer. Es una cosa muy retrógrada, tienen la noción de que, cuando hay una mina, está sólo ahí para cantar o para darle glamour al show. O gente que piensa que somos un grupo de electropop sólo por tener teclados. O que, porque nos llamamos Nuevacosta somos una banda tropical. Una vez hasta nos hicieron un flyer, sin habernos escuchado, y era con palmeras”. Las confesiones del cuarteto van develando la confusión de un medio malacostumbrado a manejar pocas variables y que se marea con propuestas menos comunes. “Nos han dicho que Costabrava es fome porque no es movido, es como súper para adentro, introspectivo. Pero nosotros tenemos sentido del humor. El grupo se llama así porque yo (Angelo) estaba viendo Jersey Shore en MTV, lo habían hecho en la Costa Este primero y después lo pasaron a la Costa Oeste, entonces lo promocionaban como ‘Nueva Costa’y me pareció la raja. Después tuvo más sentido aún por la new wave, la nueva ola, y porque con el terremoto cambió la costa en Chile. Y las melodías son entretenidas. El que quiere diversión, que no la vea: que la escuche”.
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7.1.12

Recuento 2011 en Extravaganza!

The Men

Leave Home (Sacred Bones)

En un año marcado por excelentes lanzamientos ruidosos, como las últimas entregas de Iceage y Total Control, la segunda placa de The Men llevó la batuta, pero además descolló del resto. Versátil, peligroso e impredecible, el cuarteto neoyorquino firmó -con Leave Home- su entrada a lo más granado del catálogo del siempre certero sello Sacred Bones.

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Colombina Parra

Flores Como Gatos (Autoedición)

Refugiada en una casa de veraneo en Las Cruces, durante su embarazo, Colombina grabó estas canciones. Comparado con Eliza Doolittle y Astrud Gilberto por el crítico inglés Everett True, el debut solista de la vocalista de Los Ex! develó uno de los secretos mejor guardados del rock chileno: el lado voluble de la cantante, una faceta escondida por más de 15 años.

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Fernando Milagros

San Sebastián (Quemasucabeza)

Luego de sacudirse la resaca folk, Fernando Milagros abandonó la simpleza para embarcarse en una epopeya ambiciosa y profunda. Enmarcado en un mundo distópico y post apocalíptico, el último trabajo del cantautor no hace más que adentrarse en la soledad del ser humano, descrita con sobrecogedor dramatismo, bajo la atenta mirada del productor Cristián Heyne.

Fernando Milagros: Efecto dominó


Está en los lugares indicados, a la hora precisa y con la gente correcta. Tocó en Estados Unidos y España, grabó con Caravana y Christina Rosenvinge, musicalizó dos películas y convenció a Cristián Heyne de producir su nuevo disco. Bajo el sello Quemasucabeza y con edición en vinilo asegurada, Fernando Milagros alista la salida de San Sebastián.

Fernando Milagros tenía que tocar a las diez de la noche del pasado jueves 26 de mayo, en el festival Primavera Sound. Pero nueve horas antes el cantautor estaba recién llegado a Barcelona y aún no lograba encontrar su hotel. En la espera de la van que lo llevaría a la dirección correcta, unos estadounidenses en iguales circunstancias le dijeron que se relajara, le contaron que era la quinta vez que ellos tocaban en España y que el desorden era la tónica de todos sus viajes. Eran Of Montreal, fogueados donde el santiaguino era un novato y tranquilos, pese a que debían presentarse dos horas antes que él.

“No teníamos prueba de sonido y yo estaba nervioso porque era un concierto muy importante”, recuerda. “El show lo partimos con muy poca gente, unas cincuenta personas. Pero hay tránsito permanente y automáticamente empieza a llenarse, al tercer tema teníamos cien y al final terminamos con unas seiscientas. Pasaban y se quedaban mirando el concierto. Es como tocar en la calle, tratas de llamar la atención de gente que no te va a ver a ti. Pensaba que iba a ser peor y al final, todo bien”.

Pasar antes por otro festival prestigioso, el South by Southwest (SXSW) en Texas, ayudó a Milagros a comprender dónde estaba y cuál era su rol en el certamen ibérico. “Hay que tener expectativas aterrizadas para no devolverse achacado”, asegura, “finalmente el viaje estuvo muy positivo y ahora la idea es no romper el vínculo con ese público”. De paso en Madrid, el cantautor afianzó el nexo con España al compartir escenario con Christina Rosenvinge y Nacho Vegas, para tocar el clásico ‘Death Is Not the End’ en un tributo a Bob Dylan a propósito de su cumpleaños número 70.

“Después de eso, nos fuimos a ver a Bill Callahan”, cuenta Fernando Milagros. La amistad entre él y Rosenvinge floreció pocos días antes, en Santiago, gracias a la invitación que el músico recibió para telonearla. Ambos simpatizaron al punto de que el solista fue convocado a tocar dos temas suyos en el concierto de la madrileña en Amanda y luego a parchar a Charlie Bautista -miembro de la banda de apoyo que tuvo que dejar Chile antes que sus compañeros- en la guitarra.

“Antes de irse, ella misma me ofreció colaborar”, afirma el cantautor. “Le mostré todos los temas que tenía para el nuevo disco y se fijó especialmente en dos, entonces vino la idea de grabarlos y también de tocarlos en vivo juntos en su despedida. Quedó bastante interesante. Son dos canciones acústicas: en una ella sólo hace coros y en la otra, participa con todas las de la ley. Me gusta su último disco -La Joven Dolores (Warner, 2011)-, lo tengo en mi iPod, pero antes también escuchaba sus singles taquilleros de los noventas. Son un poco nuestros, por una cosa generacional, yo tenía 14 años cuando estaban de moda.

Para alimentar la espera por su venidero tercer álbum, titulado San Sebastián, Fernando Milagros compartió en la red un video, a modo de sinopsis, en que él y Rosenvinge aparecen trabajando en el estudio mientras suena el fruto de esa labor, ‘Pedazos (Niño Bomba)’. Lo difuso del registro vocal y la quietud que imprime la guitarra acústica empañan, en cierta medida, la primera impresión sobre el nuevo material del santiaguino, que en sus propias palabras es “oscuro, religioso y raro”.

“Estoy pegado con las imágenes apocalípticas. Las fotos del Volcán Puyehue que publicó Times parecen sacadas en Marte, pero son de acá, del sur de Chile. Fantaseo con ese tipo de ideas, como la de que algo está cambiando. El disco es una visión en torno a eso. Casi todas las letras están escritas desde el lugar de alguien que está como el personaje de Viggo Mortensen en The Road (John Hillcoat, 2009), buscando algo para comer”.

El productor de San Sebastián es Cristián Heyne, arquitecto de los discos chilenos que gustan en España, es decir, los últimos de Gepe, Dënver y Javiera Mena. “Yo sabía que me faltaba una visión externa. Podía perfectamente hacerme cargo yo, pero era más interesante ponerme en conflicto con otra mirada”, apunta Milagros, “quise que chocara lo que yo hago, que es algo austero, contra lo que hace Cristián. Llegué con veinte maquetas a su oficina y ahora sólo quedan diez. Hay una tensión interesante, las guitarras están tratadas de una manera distinta, pero no será un disco de pop”.

“Con quién trabajar fue un tema que pensé mucho, hasta que junto a Heyne llegamos a la conclusión de que yo tenía que hacer la mayor cantidad de cosas posibles –detalla-. Aunque no me guste reconocerlo, estoy cada vez más quisquilloso con las canciones, si puedo resolver un arreglo, prefiero encargarme que explicarle a otra persona. Además, es la mejor opción para un disco como éste, que es bien íntimo y autobiográfico. Sólo aparece Gepe en batería y algunos aportes de Felipe Ruz y Sebastián Orellana de Philipina Bitch”.

Tras lanzar su debut por el desaparecido sello Neurotyka en 2007 y dos años después su sucesor por Oveja Negra, Fernando Milagros recaló en Quemasucabeza, donde el año pasado presentó -en lo que él mismo denomina “una edición de batalla”- el registro en vivo En Estudio Elefante. Y así como los últimos trabajos de la etiqueta -llámese Gepe, Pedropiedra y Caravana-, San Sebastián será editado en vinilo. “No hay que pensar en el disco como única vía para escuchar música, sino como merchandising. Es un fetiche que puede tener varios formatos”, sentencia. “Igual rezo por la gente que pelea contra esa tendencia, pero creo que su forma de ver las cosas no va más”.

“El 2011 ha estado muy movido. No sé cómo me alcanza el tiempo. Compuse la música para el documental Hija de María Paz González y con Cristóbal Carvajal grabamos los incidentales de la película Mi Último Round de Julio Jorquera. Eso sí, hay que tener cuidado de no acabronarse ni repetirse porque la gente se aburre. Por eso ahora estoy probando otro sonido, casi había olvidado que mi idea como Fernando Milagros era tener una onda medio desarmada y opuesta a la de las bandas que tocan rock de cuatro cuartos, porque ese esquema ya lo encuentro un poco fome. La gracia de ser solista es reinventarse todo el rato”.

Fakuta: Con suavidad


Fakuta es más que una cantante con un single recién editado y un disco debut a punto de salir. También es la suma de una serie de decisiones, como armar su propio sello, optar por el pop sobre el rock, reivindicar al género femenino desde su esencia y, en especial, nunca dejar de hacer música.

Pamela Sepúlveda escucha el mashup de ‘Born This Way’ de Lady Gaga con ‘Express Yourself’ de Madonna, sentada en la mesa de su living, y no tiene intención alguna de apartarse de la pantalla de su Macbook. “Soy computina”, explica con algo de candor y timidez. Sin ir más lejos, su alias musical viene desde la época de Fotolog, cuando Fakuta era el nombre de usuario que utilizaba, y a varios de sus actuales compañeros de ruta en el mundo real los conoció como contactos en MySpace. Buena parte de su tiempo frente a la pantalla lo dedica, además, a gestionar la disquera digital Michita Rex, fundada por ella junto a Dadalú, Danae Morales y Milton Mahan. Nombres que aparecen y se entrecruzan en historias de tocatas, onces y trabajo compartido que se remontan a la época en que grupos como Taller Dejao y Colectivo Etéreo eran entes activos en la capital.

Fakuta es también, en términos simples, una solista pop cuyo single debut (‘Armar y Desarmar’) fue estrenado a fines de marzo, como adelanto de un álbum que todavía no tiene título ni fecha definida de lanzamiento, aunque se estima que saldrá alrededor de mayo o junio. Pero el prontuario de la cantante comenzó a escribirse en un idioma muy diferente al que habla hoy. “En el colegio tenía mi banda de amigos, después con gente de la universidad, del barrio. Onda rockera, canciones propias, ensayos de grunge tirados para post-rock, una cosa que al final me choreó porque era muy masculina. Es raro, yo estaba en la adolescencia y escuchaba Dinosaur Jr., pero cuando salí pensé ‘no, quiero hacer otra cosa’”, cuenta.

“Cuando chica, me metí en muchos talleres musicales, era muy obsesiva en eso. Tipo trece años empecé a escuchar rock, siempre por las canciones, me gustaban los grupos más melódicos. Ni siquiera escuché tanto Melvins o las riot grrrls porque eran demasiado gritonas y eso no me gustaba. De hecho, hubo un tiempo en que no podía escuchar mucha música y menos rock, me fui para atrás. Recuerdo que un tío, que era el único joven en mi casa, escuchaba metal cuando yo tenía siete años. Después empezó a gustarle la música progresiva, entonces crecí con Emerson, Lake & Palmer y King Crimson, que son medio sicodélicos y espaciales. Por ahí creo que viene mi gusto por los sintetizadores”.

De aquella inquietud surgió su primera vinculación con otro formato de grupo, al integrarse a Golden Baba, ensamble femenino que fue la escuela de Fakuta para desmarcarse de su aprendizaje previo. “Usábamos el lenguaje rock porque éramos guitarra, bajo, batería y voz, pero el hecho de que fueran sólo mujeres y que ninguna de ellas había tocado antes en otras bandas cambiaba todo, no tenían esa cosa estructurada de hacer siempre lo mismo. Había otra cosa, una composición más pop, tocar de a poquito”, recuerda. Hasta hoy, el nombre del conjunto evoca recuerdos y arranca elogios entre quienes tuvieron la oportunidad de presenciar su show en vivo.

Con Golden Baba en receso, Sepúlveda se embarcó en el proyecto El Banco Mundial junto a Nawito, su ex novio, con quien editó cuatro discos: Así Se Matan Los Guaguitos, El Gran Golpe Al Banco Mundial, La Nave y Música Terapéutica Para El Embarazo No Deseado. Álbumes cuyo carácter hacía difícil imaginar lo que vendría después, a nivel de sonido, pese a que ella reconoce que el dúo tenía fecha de vencimiento. “Sabía que se iba a terminar porque lo hice con mi pololo. Era una época en que estaba terminando la universidad, las cosas se estaban acabando y todo parecía muy crítico, muchos amigos secos musicalmente quedaron en el camino en vez de seguir con sus grupos. Yo había cachado que a mí me no podía pasar eso, porque no puedo dejar de tocar”, confiesa.

De esa época datan las primeras composiciones de su venidero debut, un disco producido por De Janeiros (el tándem de Milton Mahan de Dënver y Pablo Muñoz de $990) cuyas canciones fueron el punto de inflexión para Fakuta, que dejaría atrás el ruidismo de su emprendimiento anterior para buscar estructuras más amables y fáciles de asimilar. “Cuando hice esos temas, pensé que saldría algo más raro, pero fue como volver a la infancia, al pop con melodías. Al principio me daba vergüenza mostrarlo, estaba inmersa en un circuito bien experimental y pensaba que la gente de la productora Mutante me iba a hacer bullying”, comenta riéndose.

Consultada sobre sus numerosas peripecias con amigos y su casi incestuoso intercambio creativo (una suerte de escena que se celebra a sí misma, tal como hacían los londinenses hace 20 años), Sepúlveda aporta claridad a la revisión del fenómeno. “El aprendizaje que acumulas te hace desarrollar cierto criterio. Si escuchas a los más experimentales de Michita Rex, todos tienen una vocación pop, hasta Gerardo Figueroa que hace obras conceptuales abstractas, pero escucha The Cars. Finalmente eso es lo que nos une, una esencia que va hacia otros lugares, de una manera experimental, parecida a la improvisación de rock. Acá borramos las estructuras, prejuicios y predisposiciones que uno tiene ante la música. Así vemos las cosas. Somos un grupo de amigos antiguos, pero nuevos, porque nos conocimos en la tocatas y nos admiramos mutuamente”.

“Aunque hago pop, no siento tan quinceañeras o livianas mis canciones, pero tampoco sé si son adultas”, declara. “No todo el rato estoy hablando de amor. También me refiero a volar, a la música y las amistades que se hacen a través de ella; al vínculo entre mujeres, amigas, mamás. Ese apego máximo que es una comprensión ultra maternal del cariño. Tratamos de ser lo más frontales con eso, tomar el lugar que nos pertenece como género. Hay una cosa súper femenina en Michita Rex, para mí el rock es como una explosión de energía y nosotros vamos por otro lado ¿Qué pasa si no suena potente? Si suena despacito, bonito. Hay gente que lo encuentra aburrido, pero lo bueno es que en Chile hay cada vez más bandas y ahora se puede elegir. Antes, o te gustaba el rock chileno o no te gustaba nada. Ya no es así”.

29.3.11

El mapamundi de Milton Mahan

Multidisciplinario de excepción, Milton Mahan es como un personaje escondido de videojuego. Su nombre, convertido en garantía de calidad, está escrito en algunos de los emprendimientos locales más atrayentes de la actualidad como músico, productor y director de videos.

En cuanto a música pop chilena, 2010 pasará a la historia como el año en que Cristián Heyne asesoró los álbumes de los artistas más aplaudidos: Javiera Mena, Gepe y Dënver. Los dos primeros, confirmaciones de talento; los últimos, una revelación a todas luces, pese a contar con una entrega anterior (Totoral de 2008). Y es en el dúo de San Felipe, que goza de su mejor pasar gracias al disco Música, Gramática, Gimnasia, donde milita el otro personaje clave de la temporada pasada del escenario independiente nacional: Milton Mahan.

La contraparte masculina de Mariana Montenegro en Dënver compartió labores de producción, junto a Heyne, en la reverenciada última placa del tándem. Un elepé en el que también compuso, trabajó en arreglos corales y mezcla, además de cantar y tocar guitarra y bajo. Liberado online a fines de octubre, vía Sello Cazador, el larga duración venía precedido por el video del single ‘Lo que quieras’ y ha coronado su notoriedad con el posterior clip de ‘Los Adolescentes’. Ambos, dirigidos por él y Bernardo Quesney (“porque no teníamos dinero”, reconoce), acumulan casi 300 mil vistas en YouTube. “Es una forma de continuar el imaginario de la canción desde el interior y no como una reinterpretación, que es como se suele hacer”.

Nada mal para un músico autodidacta y realizador audiovisual sin formación teórica, aunque reconoce haberse “colado en alguno que otro cursillo”. A los 12 años, Milton Mahan empezó a practicar guitarra comprando cancioneros y tuvo su primera banda cuando era un quinceañero. “Hacíamos un punk melódico bien simplecito, nos llamábamos Malkriados”, recuerda. De ahí en más, el sanfelipeño ha ido recolectando influencias y expresándolas en diversas iniciativas. Aparte del dúo con el que editó Música, Gramática, Gimnasia, el veinteañero músico juega en solitario bajo el nombre de Nueva Orleáns y también integra otro dueto, De Janeiros.

¿Por qué todas sus bandas tienen nombre de ciudad? “No lo sé, me di cuenta harto después de esa coincidencia, alguien me la dijo. No era la idea, buscaba sólo una intención fonética, ahora no deja de ser divertido eso porque todos creen que hay algo detrás de eso y me gusta esa relación con la mitificación y la mentira”, responde. Las disimilitudes afloran al revisar, por separado, cada uno de los grupos. “En Dënver comparto la composición con Mariana y en verdad es todo bastante formal, en el sentido de que son canciones pop de lo más tradicionales. Me demoro mucho en dar con esa sencillez pop, nada puede fallar, ni la letra ni la música, eso no quiere decir que sea infalible. Nueva Orleáns es al revés, me di cuenta de que sin tantas manías también salían canciones y que eran de otro tipo, a esas canciones les puse Nueva Orleáns. Ahora, nunca tengo claro si compongo para lo uno o para lo otro, eso se decide después. Y De Janeiros es un proyecto que comparto con Pablo Muñoz (de $990) y que está enfocado básicamente en la producción, quería olvidarme de las letras y tener un proyecto que buscase únicamente un sonido”, explica en detalle.

Para Milton Mahan, 2010 partió con la edición el mismísimo 1 de enero -a través del netlabel nacional Michita Rex- del disco Plateado de De Janeiros y las casi inmediatas comparaciones con Animal Collective, de parte de una prensa musical escasa de referencias para hablar sobre la propuesta del álbum. “No me parece que tengamos mucho en común, la principal diferencia, creo, que es que ellos son mucho más ‘sicodélicos’ y nosotros somos más ‘espaciales’. La verdad, nunca los tomamos como referencia a la hora de hacer los temas, pero el que crea eso, bien. De todas formas, son una gran banda”, declara. “Lo bueno es que con Pablo, además, producimos otros discos. Entonces entramos en una faceta que al menos a mí me encanta, trabajamos masterizando el último EP de María Perlita, ayudamos a los chicos de Michita Rex y ahora estamos full terminando de producir el LP de Fakuta”.

A los pocos meses de lanzar Plateado, el multidisciplinario artista estrenó el video para ‘Música y Discos’, un single bajo el nombre de Nueva Orleáns junto a Fakuta, mientras el clip del sencillo ‘Montreal’ de De Janeiros ya aparecía en blogs indie que se rendían a los pies de cualquier cosa que llevara el nombre y apellido del sanfelipeño. Beneplácito justificado en terreno, al que también cedió Manuel Elgueta (alias Maifersoni) quien le envió material vía MySpace para que lo revisara. “Yo sólo había oído de él por Super 45, pero no estaba mayormente interiorizado, me mandó unas maquetas de lo que estaba trabajando, me lo bajé, me encantó y le dije que nos juntáramos”. Así, los dos finiquitaron el disco Telar Deslizante, otro acierto de Milton Mahan como productor, su rol favorito. “Es el momento musical que más disfruto", confiesa.

Con las credenciales obtenidas, el veinteañero puede reírse tranquilo de cuando recién llegó a Santiago, después de haber congelado la carrera de Arte en Valparaíso, y del tiempo que pasó trabajando en un local de donuts (“me explotaban, pero era feliz porque comí tantas como había soñado toda mi vida”, cuenta). Asimismo, alista la edición en formato físico de Música, Gramática, Gimnasia de Dënver en España, por el sello Federación de Universos Pop. En tierra ibérica, el dúo es visto como plato fuerte del indie chileno, con menciones destacadas en los bullados artículos que el diario El País y el sitio Jenesaispop.com publicaron sobre el pop independiente criollo.

“Es fome que muchos medios locales sigan teniendo que esperar que venga el reconocimiento de afuera para poner atención en lo que se hace acá, me parece que hay mucha pereza en el medio periodístico, con algunas excepciones, claro”, opina Mahan, consultado al respecto. “Este buen momento lo vivimos trabajando mucho, ha implicado una logística bastante mayor a la que estábamos acostumbrados, así que ahí vamos agarrando el ritmo. No podría decir necesariamente que los buenos comentarios hagan de esto un negocio rentable, hace falta algo más. Sobre todo porque la escena es pequeña y en muchos lugares, como el mismo San Felipe, lo que hacemos sigue pareciendo demasiado extraño, pero ahí uno se las va ingeniando, creo que de eso se trata”.

17.2.11

Mi disco del 2010


En Extravaganza!

GIL SCOTT-HERON – I’M NEW HERE (XL)

Gil Scott-Heron volvió después de 17 años inactivo, respaldado por un arsenal de ideas y asesores de alto calibre, presididos en la producción por el dueño del sello XL, Richard Russell. En I’m New Here el cantautor deambula por canciones de autoría propia y prestada (como el cover de Smog que titula al disco), musicalizadas por él mismo al piano, Damon Albarn a cargo de los teclados, samples de Kanye West o una simple guitarra acústica. Guiadas por la voz demacrada del norteamericano, las canciones del álbum ganaron como testimonio de primera mano sobre tocar fondo y vivir para contarlo.

En Super45

GIL SCOTT-HERON – I’M NEW HERE (XL)

Junto a The Last Poets y The Watts Prophets, Gil Scott-Heron escribió los primeros décalogos de rap a comienzos de los setenta y fue perdiendo continuidad en el camino, hasta desaparecer por completo después de 1994. Rumores de VIH y una constatada drogadicción fueron la tónica de sus últimos años, hasta que Richard Russell (dueño del sello XL) comenzó a trabajar, como productor, en el retorno del norteamericano. "I'm New Here" es el reflejo de grabaciones que comenzaron el 2007 e incluyeron a Damon Albarn como tecladista, covers de Smog y Robert Johnson, y sampleos de Kanye West (quien luego le devolvería la mano en "My Beautiful Dark Twisted Fantasy"). Carente de los falsos triunfalismos que abundan en regresos de viejos íconos, este disco muestra a un gato que está demacrado, pero sigue hambriento. Huyan, ratas.

Dadalú: La hora del té

Por fin Dadalú debutará en largaduración como solista. Período, su venidero disco, muestra a la cantautora desenvolviéndose en clave retro y revitalizando el ideario de las bandas con féminas en la voz.

Miembro de Colectivo Etéreo, World Music, Pat Smear, Iris y Julia Rose. Colaboradora de Sokio, Tonossepia y Gepe. La novela por entregas de Daniela Saldías (en adelante, Dadalú) comenzó a escribirse en los primeros años de la década pasada y ahora está a punto de publicar su volumen más importante: Período. Un disco solista anhelado por la cantautora y esperado por quienes la vienen conociendo hace más de un lustro. La placa será liberada para descarga a través de dos netlabels nacionales: Michita Rex, la casa de proyectos tan interesantes como Maifersoni y De Janeiros, y Ponk, el sello que cobija a Deplasticoverde, Francisco Pinto y los retornados Les Ondes Martenot.

Pese a lo auspicioso de los datos, la protagonista de la historia está nerviosa por dejar a merced del escrutinio público una batería de temas que considera parte suya y que no responde a cánones contemporáneos. “Andaba pegada con lo retro súper sesentero, onda Phil Spector y la muralla de sonido. También con orquestas así como la de Herb Alpert, Lalo Schifrin, Hugo Montenegro o los soundtracks de Hair de Galt MacDermot y Mad Monster Party de Maury Laws. Por eso grabé en el estudio de Pancho Straub (ingeniero de Guiso, Los Prisioneros y Yajaira, entre decenas más) en una sola toma. Quería lograr algo tipo Tapestry de Carole King”, asegura.

“Yo hice esas canciones porque siempre compongo, pero nunca pensé que terminarían en un disco. Fakuta me incentivó ene, ella es ordenada, no como yo. Es que soy súper dispersa, siempre ando en hartas cosas, pero me cuesta concretizar. Tenía la inquietud de las bandas, cuando chica me gustaba el punk y apenas entré a estudiar música, más me enamoré de los grupos. La primera vez que hice una tarea así para la carrera, me sentí la raja. Me puse a ensayar con amigos, con mi hermano chico, con mi pololo (Jorge “Coco” Cabargas, ex batero de Tobías Alcayota y actual Bongo Bongo). Entró en mi mente la idea de capturar todo al mismo tiempo, porque encontré muy esparcido grabar uno por uno, yo quería que fuera en vivo. Lo que tocábamos era lo mismo que tenía guardado en demos”, cuenta la cantautora.

Y así fue. En septiembre de 2009, Dadalú comandó dos días completos de sesiones en las que plasmó el grueso de las 10 canciones del disco, sin contar los scratches de DJ Vaskular (colega en Colectivo Etéreo), trompetas y el cello de Felicia Morales (frecuente colaboradora de Vapourboat y Gepe). Para conseguir el dinero restante, que le permitiera dejar listas las voces y el resto de la instrumentación, la novel solista pidió un Fondart con la ayuda de Sokio, quien finalmente la acogió en un cubículo casero en su departamento para terminar aquel menester, luego de que el proyecto no fuese aprobado. Entre un paso y otro, hubo un hiato de semanas a raíz del terremoto, culpable de que las paredes de adobe del recinto de Francisco Straub se cayeran.


Con un excedente de contratiempos, la opción de la cantante y compositora fue tomar el control y mezclar junto a su novio, pese a no saber cómo manejar Ableton Live, el software necesario para hacerlo. “No cachábamos nada, pero fuimos tan obsesivos que del primer single (‘Gracias’, disponible para descarga desde ya) hicimos 47 mixes. Nos demoramos porque yo no quería sonar como rock chileno, tipo Chancho en Piedra o Los Tetas, que me gustaban cuando chica, pero ya no. Mi música está en una delgada línea, si la dejo de cierta manera, puede quedar igual a las canciones de grupos así. Tenía ganas de que la batería sonara bajita, como las de la Nueva Ola, que no quedara encima de todo sino entre medio, con textura media porosa. Las trompetas también, yo deseaba que fueran finas y con honor, así como cuando te vas a tomar una tacita de té, que sonaran de porcelana. Las cosas no quedaron tan bien grabadas, eso nos trajo algunos problemas, pero los traté de resolver yo misma en vez de decir ‘papá, ¿me prestas caleta de plata?’ Ni cagando, con qué cara, si ya estoy vieja. Tengo 28 años, sigo estudiando después de haber sacado Traducción en la USACH, ahora estoy terminando Música en Projazz, que es lo que siempre quise”, confiesa.


Las canciones de Período distan de las facetas anteriormente mostradas por Dadalú, que pueden encontrarse en la red dentro de los recopilatorios del extinto sello Neurotyka o en bootlegs de los Pat Smear en vivo. El álbum denota el afán de su artífice por reivindicar la nobleza de las solistas de antaño, en vez de ahondar en experimentaciones rap o electrónicas, los géneros con los que primero se emparentó la artista. “Tengo miedo de que la gente no entienda nuestra mezcla, pero mi disco es muy significativo. Para mí es importante y también es un riesgo, algunos que lo han escuchado me preguntan por qué suena así, me expongo a esas cosas porque la música es pública. La gente que critica discos aplica la concepción de lo que encuentra bueno o de lo que les gusta, si de repente no entras en esos parámetros, cagaste. Después nadie te pesca mucho o te dicen ‘oye, la hueá mala’. Tengo ganas de que surja porque yo estudio esto, aunque tampoco pensé el álbum desde la técnica, en lo único que me influenció la escuela fue en sonar de verdad, con instrumentos. No hubo tanta conciencia detrás de la arquitectura musical”, afirma.


De ese arrojo -más hormonal que lógico- nació también el nombre de la placa, que da cuenta del tiempo de aprendizaje que supuso su factura, pero también juega con el doble sentido. “La regla siempre me ha llamado la atención como hecho simbólico, onda sangrar una vez al mes y estar biológicamente predeterminado a sentir más. Al menos a mí me afecta caleta el ánimo y las emociones. Encuentro que tiene ene potencial metafórico porque es una vida que no fue. Me llama la atención que no se hable tanto de la menstruación y que sea tan tabú. Por eso el disco se llama así”, explica. Aunque los problemas hayan empañado buena parte del proceso, Dadalú está orgullosa de su primer retoño y lo defiende con cariño. “Tiene canciones que a mí me gustaría escuchar, súper pop, de amor, más convencionales y pasa por hartos estados. A mí me gusta, es honesto y también original porque no sé qué otra banda haya hecho algo igual. Tiene un sello y una personalidad, para bien y para mal”.

2010: Cosecha Nacional

CARLOS CABEZAS – HAS SABIDO SUFRIR/DESAMANECER (Oveja Negra)

Para compensar la ausencia de más de una década, como solista, Carlos Cabezas volvió con un lanzamiento doble: disco de boleros en vivo junto a otro de canciones originales. El gran regreso nacional de 2010 fue el de un auténtico sobreviviente.

CAROLINA NISSEN - CAROLINA NISSEN (Autoedición)

Carolina Nissen debutó en abril de este año, poco antes de que el frío se aliara con ella y convirtiera sus canciones en nuestro abrigo. Acústicas, dulces y femeninas, las composiciones de esta valdiviana brillaron sin aspavientos y quedaron atesoradas en nuestra memoria.

CEVLADÉ – CORONACIÓN (Autoedición)

La muerte de Michael Jackson y la propia reinvención como letrista fueron las inspiraciones de Cevladé para escribir Coronación. El disco de rap más confesional y rabioso de la temporada 2010 es, también, el testimonio de un MC en el tope de sus capacidades.

DE JANEIROS – PLATEADO (Michita Rex)

Otro proyecto de Milton Mahan del dúo Dënver, también en formato de dupla, ahora junto a Pablo Muñoz de $990. El primer disco del 2010 (lanzado el 1 de enero) termina el año entre lo mejor de la cosecha nacional, a punta de sintetizadores análogos y electrónica que mira al cosmos.

DËNVER – MÚSICA, GRAMÁTICA, GIMNASIA (Cazador)

El segundo álbum del dúo sanfelipeño, a dos años del debut con Totoral, se comprometió fielmente a la excelencia y cerró la trilogía 2010 de Cristián Heyne. Dënver sentó parámetros de calidad mediante un disco liberado para descarga gratuita, amigo del buen gusto y lleno de referencias al historial pop.

DEVIL PRESLEY – RELÁMPAGO (Eje del Mal)

Devil Presley se pusieron al día en lo único que les faltaba: crear singles. Tampoco es que fuera una obligación hacerlo, pero Relámpago sorprendió por la claridad con que se esbozaron sus canciones, que en más de un caso –y no por mera coincidencia- resultan ser auténticos hits de rocanrol sucio.

EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA – HISTORIAL DE CAÍDAS (Pueblo Nuevo)

José Manuel Cerda es El Sueño de la Casa Propia y el responsable exclusivo de Historial de Caídas. Un álbum realizado en una habitación de Valparaíso con un computador antiguo y la paciencia necesaria para recortar canciones ajenas, hasta poder ensamblar las propias y configurar una obra de artesanía electrónica.

GEPE – AUDIOVISIÓN (Quemasucabeza)

Con este disco a modo de credencial, Gepe reclamó su espacio en el podio del pop chileno, de la mano del productor Cristián Heyne. A base de nobleza y categoría, Audiovisión sólo se vale de sí mismo para explicar por qué Daniel Riveros es el cantautor nacional más influyente del último lustro.

JAVIERA MENA – MENA (Unión del Sur)

No podía ser de otra forma. El regreso de Javiera Mena, a cuatro años de Esquemas Juveniles, estaba destinado a ganar. Mena tuvo todo: pop al uso, colaboradores de ensueño, Cristián Heyne como productor, pero –especialmente- el encanto de una solista que cada vez flirtea más con la perfección.

LA REINA MORSA – ¿DÓNDE ESTÁN LAS JUGUETERÍAS? (Cazador)

Los tildaron de naif, pero no era cierto. La Reina Morsa protagonizó un debut cuya dulce cobertura, al derretirse, daba paso a otros sabores. ¿Dónde Están Las Jugueterías? capturó la esencia del sur de Chile para recrearlo en canciones de pop acústico, tan vívidas como pastoriles.

LOS NADIEH – DESDE EL ÚLTIMO LUGAR (Potoco)

Hijos ilustres de Potoco Discos, el sello de Cómo Asesinar a Felipes, Los Nadieh arribaron desde Valparaíso para torcerle la mano al hip-hop tradicional. Más rap del otro, ahora con toques extra de experimentación y sicodelia contemplativa.

MAIFERSONI – TELAR DESLIZANTE (Michita Rex)

Enrique Elgueta, auxiliado en la producción por Milton Mahan de Dënver, debutó con el seudónimo Maifersoni bajo el alero del netlabel Michita Rex. Concebido como una sola gran canción, Telar Deslizante puso una textura sobre otra hasta construir un laberinto sin salida.

MC MENDA – ENLAVARIEDASTALGUSTO (Autoedición)

De todo lo ofrecido -en calidad individual- por los miembros de Colectivo Etéreo, la propuesta de MC Menda es la que más se aproxima a la de su alma máter. Delirio y conciencia en rimas que nadan por sampleos tan dispersos como quien firma el disco.

PÁNICO – KICK (Quemasucabeza)

Afincados en Francia y distribuidos en Europa por Tigersushi y Chemikal Underground, Pánico retornaron con un quinto disco grabado en el estudio de Franz Ferdinand en Glasgow. Kick reescribió el post punk con tinta latina y la palabra “baile” en cada párrafo.

PERROSKY – TOSTADO (Algo Records)

Diez días en el Lower East Side de Nueva York, junto a John Spencer y Matt Verta-Ray, bastaron para dejar listo este mini disco. Es Perrosky con la ayuda de Heavy Trash, jugando a probar trucos análogos y equipos antiguos. En su propia salsa.

PIER BUCCI – AMIGO (Maruca)
Santiago, Berlín, Sudamérica, Europa, sonidos latinos y minimal tecno. Un amplio inventario de referentes que hicieron de Amigo, el segundo largaduración de Pier Bucci, un empalme electrónico de alto vuelo.

PITUQUITOS – SÉ QUE ME VOY A QUEMAR (Tue Tue)

En Valdivia hace frío. Una forma de pasarlo es emparejarse y la otra es bebiendo. Cuando ambas se combinan durante muchos años, nacen discos como Sé que me voy a quemar, el debut de Pituquitos y la presentación en sociedad de Srta. Pésima, la antiheroína que necesitábamos.

PORTUGAL – VIAJES DE MEMORIA (La Somba)

Desde San Antonio, la música de Portugal emergió como alumna destacada de la mejor escuela emo norteamericana. Viajes de Memoria supo dejar pieles de gallina, erizar cabellos y provocar escalofríos a través de canciones de rápida asimilación y fácil acceso a los sitios más recónditos de la emotividad.

PROTISTAS – NORTINAS WAR (Cazador)

En el mapa de Chile del Sello Cazador, si La Reina Morsa es el sur, Protistas son el norte. El debut del grupo es una invitación a recorrer parte del imaginario de aquella zona y a perderse en el tiempo entre canciones de claras influencias noventeras, que incluso dan espacio para un cover de Nirvana.

VAPOURBOAT – LOCHNESS LIGHTNESS (Autoedición)

Lo primero que supimos de Nicolás Carcavilla, alias Vapourboat, es que tenía 16 años, pero sonaba como un veterano de mil batallas. Y aunque así llamó la atención, Lochness Lightness tuvo el peso para superar al dato rosa y mantenerse como el hallazgo extraordinario que es.

24.11.10

Kinética - Kinética

Movimiento, equilibrio y postura. La kinestesia es lo que transmite el cuerpo, y lo que Kinética irradia a través de su música está conectado -de manera íntima- con la figura humana. Emiliana Araya, la responsable de este EP, entrega seis originales y dos remezclas en su primer trabajo. Una expedición a través de cortes broken beat y drum and bass, acompañados por letras que juegan entre lo confesional y el amoldamiento métrico a ritmos sincopados. Esa cadencia somática se acopla a la femineidad de la santiaguina, para anunciar un rasgo que, con el debido desarrollo, podría definir a futuro el carácter de esta solista. Además, los invitados a la placa hablan de una debutante que sabe rodearse de buenos colaboradores (Foex, Gen, Fat Pablo, Marcos Meza, DLA, Motivado). Dime con quién andas.

Twin Shadow: Doble militancia


Nacido en República Dominicana, George Lewis Jr. fue transplantado en el distrito californiano de Venice a temprana edad y ahí pasó una infancia de la que no atesora muchos recuerdos. La falta de opciones lo llevó a valorar todo lo que tenía a mano, de boybands a grunge, hasta que se fue a vivir a Brooklyn, donde conoció a Chris Taylor de Grizzly Bear. El músico lo acogió en Terrible Records, su sello, y produjo su primer álbum: Forget. La placa ha sido celebrada por su aproximación revivalista al pop de los ’80, llevada a la práctica con sobriedad y sin aspavientos. Apadrinado por los medios que dictan el hype, Twin Shadow ha puesto su nombre y canciones en la red, al punto de ser fichado también por la disquera 4AD. Otro paso que lo deja a medio camino entre artículo novedoso y herramienta de la nostalgia.

Suena como: Morrissey, Echo & The Bunnymen, The Cult

12.10.10

Carlos Cabezas - Desamanecer / Has Sabido Sufrir












Dos lanzamientos al unísono. Hemisferios opuestos cuyo ecuador es el reencuentro con Carlos Cabezas, quien pasó los últimos 13 años en un mutismo discográfico casi absoluto. Desamanecer es la continuación lógica de El Resplandor, el debut noventero del músico; mientras que Has Sabido Sufrir registra dos veladas de boleros clásicos y originales en el Bar Liguria. La voz de Electrodomésticos transita por ambas placas, desatando las pasiones que provoca la espera y la concupiscencia del romanticismo AM. Ya sea con guitarra eléctrica en mano o en formato crooner, el ovallino ejercita el desdoblamiento y expande las fronteras de su territorio, para instalarse en el podio que le corresponde como figura elemental de la música popular chilena. Ídolos locales de antaño, ésta es la enseñanza del día: regresar no significa parodiarse a sí mismos. Acá tienen a su profesor.

Pituquitos - Sé que me voy a quemar

‘Yo La Quería’ de Electrodomésticos y ‘¡¿Qué Pachó?!’ de González y Los Asistentes son canciones que pertenecen a la misma casta. Clásicos chilenos a los que ahora podría sumarse ‘El Demonio y El Alcohol’, el corte más sobresaliente del debut de Pituquitos y una vuelta de tuerca a la historia contada desde la trinchera masculina. Ahora la protagonista es una mujer. Y no cualquiera, sino un auténtico peligro ambulante. Se llama Señorita Pésima y es la maestra de ceremonias de Sé que me voy a quemar. Con batería (Iván Molina) y bajo (Marcelo Godoy), este trío valdiviano transforma en crudeza las aventuras y desventuras de una deslenguada vividora. Episodios hiperrealistas que hablan sobre sexo, trabajo, drogas, viejos romances, desengaño y locura. Sólo imágenes sin editar pueden verse en este álbum, que convierte a la realidad en el vodevil más delirante de la temporada.

16.9.10

Carlos Cabezas: Dulce espera

Fueron 13 años de expectativas, trabajos periféricos e incluso la idea de que jamás retomaría la senda solista. Pero Carlos Cabezas está de regreso con el lanzamiento de Desamanecer y Has Sabido Sufrir; la secuela de El Resplandor y una placa de boleros en vivo. Leños para un fuego que nunca ha dejado de arder.

La paciencia da frutos dulces. Pasó una década entre Carreras de Éxitos, el último disco de la primera etapa de Electrodomésticos, y el debut solista de Carlos Cabezas. El Resplandor, editado en 1997, fue aplaudido a rabiar por la crítica y pasó directamente al salón de honor del rock chileno de los noventa. La inusitada impetuosidad de la placa auguraba una auspiciosa carrera, en la que veríamos cómo se desarrollaba la genialidad de su autor a lo largo de nuevas entregas. Material que demoró 13 años en aparecer. Una espera que fue aplacada, en cierta medida, por la aparición de música para películas y uno que otro experimento, ninguno de ellos asumido como secuela de aquella brillante ópera prima.

Pero la espera termina ahora, con la aparición de Desamanecer y Has Sabido Sufrir, dos álbumes de identidades distintas. El primero es la continuación oficial de la cronología del cantautor y el segundo es una colección de boleros. Ambos trabajos serán presentados con un par de meses de distancia, para evidenciar la emancipación entre sí que los caracteriza. “Siempre tuve la intención de continuar lo hecho en El Resplandor. Toda la vida estuve peleando para tener un estudio, y al final terminaba trabajando para otras cosas. Me dediqué mucho a hacer música de publicidades. Espero que, desde ahora, los tiempos sean menores. La vida se me ha ordenado, mis hijos están grandes y tengo más espacio mental”, comenta el compositor.

Cabezas no le teme a su edad y habla, con propiedad, desde el prisma de quien lleva 55 años en el mundo. Con serenidad, perspectiva y temple. “Hay un momento en que tienes que calmarte. Sabes que ciertas cosas deben ocurrir, que ciertos tiempos deben transcurrir. Yo ya quemé esas ansias. No tengo problemas de papel en blanco, ya sé que cuando me pongo en modo creativo funciona de una cierta manera, internamente. No es que se me ocurran ahí las canciones, pero sale toda mi experiencia vital en ese instante, por eso también sé que estos discos hablan sobre eso. Siento mayor facilidad para producir mi propio trabajo”.

La doble apuesta del músico, anómala en tiempos en que la industria va en caída libre, se justifica en la motivación existente para llevarla a cabo. Así de simple. “Hay gente que dice que eso se puede ver positivamente. Son dos obras muy distintos, pero se puede adivinar un cuerpo de trabajo entre los dos y se nota mi eje. Lo que estoy haciendo no sé si dará el mercado para realizarlo, tengo que manejarme con eso, trato de que sea horizontal la toma de decisiones, pero al final tengo que cortar el queque yo. Le he preguntado a todos los gurús que se me han cruzado, como Fonseca o Sanfeliú, para saber cuál es la mejor opción. Hay más personas opinando de las que uno se imagina. Trato de no cortarle las alas a ninguno de los dos lanzamientos, quiero que estén separados en el tiempo. Puede que resulte un lío, estoy feliz con todo lo que está pasando con ambos discos, aunque a la gente del sello no le pase lo mismo”, bromea.

La referencia es hacia Oveja Negra. La compañía de la SCD que, en este momento, es el refugio de los artistas chilenos mientras las transnacionales sólo priorizan a extranjeros. La experiencia previa de Cabezas en esas lides tampoco resultó alentadora, su debut está descontinuado y es imposible de conseguir por métodos tradicionales. “El Resplandor era de la EMI y le pasó lo mismo que a muchos lanzamientos de ese sello. Me propusieron reeditarlo, no sé si puedo, aunque pretendo averiguarlo. Desapareció porque en las disquerías lo que encuentras es la oferta de la semana. Mi relación con los álbumes es medio autista, la sensación que a uno le deja el contacto con las compañías en el cuerpo es algo que te inhibe. Ir a meterte, encontrar una cantidad de funcionarios, todos distintos a la última vez que fuiste, toparte con una burocracia legal enorme para que te publiquen. A mí me putean por no tener copias de mi propio trabajo, el vinilo de ¡Viva Chile! lo presté y me cagaron, lo mismo me pasó con El Resplandor”, confiesa.

EL INTERLUDIO

Pese a los larguísimos 13 años de hiato en su catálogo, hablar sobre un regreso no sería honrar a la verdad, porque el oriundo de Ovalle se mantuvo de manera subrepticia en constante actividad. Varias películas nacionales fueron musicalizadas por el Electrodomésticos, como El Chacotero Sentimental de Cristián Galaz, El Desquite y La Fiebre del Loco, ambas de Andrés Wood, entre otras. “Las bandas sonoras las hago pensando en las películas nomás, no tienen que ver con mi material”, cuenta. Además se dedicó a la producción, ayudando a preparar los últimos elepés de Los Tres, una ocupación que ha dejado en segundo plano últimamente (su última labor la realizó en Lo Que Ahora Brilla Putrefacto Quedará, la segunda entrega de Tío Lucho, aparecida en 2008).

Otro sustento laboral de Cabezas ha sido su faena en spots, en la que mantiene su ojo crítico. “El mundo de la publicidad se supone que es innovador, en términos de ideas. Pero, cuando una agencia le muestra una idea a un cliente, las referencias que manejan son sólo cosas que ya están hechas. Ahora más que nunca, como ha habido problemas con los derechos de autor por el tema de hacer canciones demasiado parecidas, les sale más fácil comprar los derechos. Lo de Todos Juntos de Los Jaivas es un ejemplo. Yo creo que me llaman porque saben que el resultado será distinto. Hace rato se desmanteló el temor de que trabajar en eso te podía contaminar, era un miedo de varios años atrás, así que yo trabajo súper relajado y trato de pasarlo bien”, explica.

En el extenso prontuario del cantante y guitarrista, destaca la presencia de un registro de 2007, en el que aprovechó su cavernosa impronta para realizar cantos espirituales. “Mantras lo hice por el encuentro con un amigo instructor de yoga, que se quejaba de que en el circuito no había nada bueno para escuchar porque la oferta estaba manoseada. Hicimos unos ejercicios y nos acomodó mucho, apareció una veta que ni yo sabía, parecida a lo que ocurrió con los boleros. Son seis frases sagradas, tuvo una muy buena apreciación, todos juran que soy un ser elevado, cosa que me hace parecer más inteligente y yo agradezco eso”, se ríe. “Me gusta mucho el trabajo vocal, alcanzar un lenguaje propio en lo artístico es lo que hay que buscar, lo encuentro delicioso. Esa grabación tiene cincuenta pistas de voces, está al máximo”.

Y mientras todo esto sucede, Cabezas se asoma y se esconde junto a la banda donde se forjó, mientras un viejo conocido de grupo también está presentando un proyecto en solitario. “Electrodomésticos es una circunstancia que se da cuando está Silvio Paredes. Con él nos vemos cada vez más, también está editando su debut (Kau, también lanzado vía Oveja Negra). Tocamos un set de canciones cargadas a nuestro antiguo repertorio, como ‘Ligerezza’, ‘Señores Pasajeros’ o ‘El Frío Misterio’. La cara de felicidad del Silvio tocando bajo eléctrico se nota mucho, él ha sido abducido por el stick, pero todavía le gusta rockear. Ambas cosas se refrescan. Lo pasamos bien, queremos juntarnos de nuevo y ver qué podemos hacer más adelante. Componer es el pie forzado para reunirnos”, adelanta sobre los pasos que podría dar el grupo que, además, integran la baterista Edita Rojas y el multiinstrumentista Cuti Aste.

HASTA LA MUERTE

A fines de este mes, verá la luz Desamanecer y las expectativas pasarán a la historia para darle espacio a un producto tangible, que encapsula horas de composición que datan desde el 2006, dos años después de que apareciera La Nueva Canción Chilena. “No es un disco alegre, es medio reflexivo, melancólico. Quería que estuviera bien producido, aunque tiene pedazos lo-fi también. Es una mezcla entre los mantras y un Resplandor más sofisticado. Las canciones son bien distintas una de otra, es nuevo lo que tiene en términos de sonido, algo que no es fácil. Hay mezclas de sones nortinos, mixturas promiscuas, no sé si será rockero, pero sí es muy intenso. Yo lo pasé bien grabándolo. Si publicas algo es porque vas a mostrarte y es necesario ser sólido para eso. Este trabajo me sirve en ese sentido también”, comenta.

Explicar el venidero material es una tarea que pone en aprietos al cantautor, al punto de llevarlo a reflexionar sobre el autobombo y lo dificultoso que le resulta promoverse a sí mismo. “Uno, como músico, quisiera estar refugiado en lo que desea hacer, que en mi caso es componer, generar ideas y ambientes que ayuden a que las canciones aparezcan. Y también estar sobre el escenario, esa catarsis que se da en vivo. Gente como Macha o Rodrigo Santis me parece admirable, a mí no me resulta desdoblarme tanto. Es complicado describir un trabajo sin agotarlo, sin cortarle las alas. Hay una necesidad de comunicar, pero es muy difícil hacerlo. Muchas veces me parece absurdo conversarlo. La otra vez escuché a un tipo que me dio un consejo muy sabio: habla siempre sobre la idea, después acerca del proyecto y en tercer lugar, sobre ti mismo, pero sólo si te ponen la pistola en la cabeza”.

“Has Sabido Sufrir empezó a hacerle brillar los ojos a mucha gente. Cuando ordenamos los temas nuevos, en forma semiinconsciente dejamos los boleros para otra situación, pero esa situación estaba agachada ahí, esperando”, declara Cabezas sobre el segundo lanzamiento que se avecina. La placa, grabada en vivo, recopila diversos momentos de su carrera en clave AM (parte de la banda sonora de Grado 3, una versión de ‘El Resplandor’ y la pieza que da nombre al disco, nacida en el seno de Electrodomésticos). También contiene clásicos del género, como ‘Réntame Un Cuartito’, ‘Nuestro Juramento’ y ‘Amor Gitano’. Repertorio popularizado por ilustres como Daniel Santos y Lucho Barrios.

La sesión, registrada en el Bar Liguria el 22 de mayo pasado, fue una gala a tablero vuelto, como todas sus últimas presentaciones. Una constante que tiene al cantautor satisfecho y deseoso de seguir conectando con el público que lo sigue, conformado por acólitos de antaño a los que se suma cada vez más audiencia joven. El ovallino tiene claro su status de libro de consulta para muchos de ellos, tanto oyentes como ejecutores. “Siento que la generación actual viene con más humor, menos grave, y que tiene a la música incorporada como algo cotidiano. Todavía el estilismo-leninismo sigue mandando, mucha gente se sube a una corriente y cuesta que se desdoblen de eso para sacar su voz propia. Eso debe ocurrir más temprano que tarde. Me da la impresión de que la formación académica se preocupa mucho de los procedimientos, en vez de la creatividad. Al final, corren el riesgo de quedar demasiado formateados”, opina.

“Con Electrodomésticos no conocíamos los cuatro cuartos, poníamos los bombos en cualquier lado y los loops que se armaban eran un desorden”, confiesa. Con la perspectiva que dan los años de distancia, asume la idealización de la década en que se dio a conocer. “La historia adquieren características de leyenda. La foto de los ochenta está en sólo dimensiones, nosotros vivimos otra cosa, menos bonita de lo que parece. El contexto fue fundamental en lo que hicimos, quizás sin él yo no estaría acá, había una necesidad básica e instintiva de sobrevivir. Cero estrategias, todo se hacía en defensa propia, era más visceral. Estoy agradecido de que haya ocurrido eso, de haber desarrollado mi sensibilidad así”, afirma.

Retomar la senda solista era una necesidad imperiosa, un pensamiento que nunca lo dejó libre en 13 años de trabajos en los que su firma no fue protagonista. Carlos Cabezas asume que Desamanecer y Has Sabido Sufrir, más que dos discos, son eventos inevitables en su cronología. Pese a que la impresión de que la pausa era definitiva prevalecía en la retina general, para él jamás fue una opción emprender la retirada. “Nunca pensé en bajar el telón. Yo tengo claro que voy a seguir haciendo música hasta que me muera, no tengo otra posibilidad ni es algo que pueda decidir. Es mi camino, la única manera en la que puedo existir”.

Jiminelson: Sueño Americano

Jiminelson es sinónimo de Gustavo León. El cantante y guitarrista se apronta a lanzar Serendipity, el tercer disco de su banda, mientras reflexiona sobre los encuentros, viajes y accidentes que lo tienen ahora en el lugar y el momento correctos.

“La esperanza del punk está viva”. Aquella frase salió de la boca de Julien Temple, en diciembre del 2009, después de ver a Jiminelson en vivo. Luego de una noche de pocas palabras y mucho silencio, el director británico (parte indeleble del imaginario de Sex Pistols) terminó desayunando con Gustavo León, después de la clausura del festival In-Edit. Un encuentro que reforzó el sentido de la carrera del frontman y que ayuda a comprender su férrea convicción en el proyecto que fundó seis años atrás.

“Esta banda es 110% yo. He trabajado con gente por períodos largos para tocar en vivo, pero los discos se han hecho siempre de la misma forma, no cambió mucho. Creo que el concepto de pandilla es mejor, en la música, que el de solista. Yo pretendo que eso sea reconocido desde un principio. Esto es parte de algo colectivo porque es imposible llevarlo a cabo de otra manera. Hasta el día de hoy funciona así”, explica.

La alusión es clara. León se refiere a las últimas páginas del historial del grupo, que están marcadas por la abrupta salida de Andrés “Chino” Villarroel (batero fundador y eterno secuaz del cantante) justo antes de un nuevo lanzamiento. “Es una amistad que debería haberse acabado hace muchos años. Toda la buena onda se va a la mierda si lo laboral falla. Eso nos pasó. Hubo indultos y perdonazos todo el tiempo. Le enseñé a tocar y después me dijo que yo era un aprovechador. Soy su padre y me da lo mismo. El tema tiene que ver con que en su vida jamás se ha leído un libro, tuvo seis años para hacerlo y nunca lo hizo”.

“El tamaño del problema es de acuerdo a la importancia que uno le de. A él probablemente lo echo de menos por mil cosas aparte, pero en lo relacionado a la forma de trabajo no lo veo hace años, quiere grabar y en eso tiene ganas de concentrarse. Ahora colaboro con otras personas, más determinantes en el proceso actual que cualquier lagrimón. Yo voy por la música; al otro, la noche le pagará. No me interesa”, sentencia.

“Los malos entendidos son manejables hasta cierto punto, pero tarde o temprano queda la cagada. Y si eso es lo que te corresponde, ¿qué tanto? En Jiminelson pasó y ahora sonamos mejor que antes. Le puse esfuerzo a cosas que terminaron pésimo, aunque nunca las hice con mala intención. Cuando empecé con el “Chino”, en ningún momento pensé que se iba a ir hasta que se fue, así funciona nomás. Esas cosas ocurren y siguen ocurriendo, forman parte de un aspecto de la vida en general, hay otros miles, infinitamente interesantes, que son los que me llevan a tocar. Yo no canto sobre problemas, canto sobre soluciones”.

Aunque el carácter rotativo es una constante, las últimas presentaciones en vivo de la banda ven pisar el escenario a Daniel Pimentel (Canal Magdalena) en bajo, Simón Cox (de los disueltos Usuales y productor de la venidera placa) en teclados y Giovanni Colecchio (Silvestre) en la batería. Una formación de instrumentistas experimentados, a quienes Gustavo León declara su respeto y aprecio cada vez que puede; con ellos sobre la tarima, comenzará el ciclo de shows que apoyará la salida de Serendipity, el tercer álbum del grupo. “Ya estamos llenos y no hay vacantes”, señala.

“El título no sólo se refiere al encuentro con alguien, sino también a que te pasen cosas fortuitas con una persona cuando no lo esperabas. En español se dice chiripa, que no suena tan bien. A veces, la vida empieza a suceder de forma extraña y puedes tener muchas rachas negativas o lo que sea, pero tarde o temprano el mundo se tuerce y sale todo bien. Las probabilidades así lo indican porque a nadie le puede ir mal tanto rato y hay veces en que te va realmente increíble. En eso consiste la suerte, aunque en este caso se trata de tener los cojones para sortearla y pilotearla. Si la gente supiera enfrentar los momentos en que las cosas no salen como esperan y amaran lo que hacen, no habría tantos problemas”.

El sucesor de yo, Jiminelson (editado por CFA en 2005) y Amor del Rey (aparecido el 2008 a través de Oveja Negra) fue engendrado durante la estadía de Gustavo León en Argentina el año pasado. El cantante se fue a Buenos Aires a estudiar por una temporada, viviendo solo en el nortino barrio Núñez, cerca del Río de la Plata. En ese tiempo, el músico flirteó con el bajo mundo de la capital trasandina, a través de un grupo de taxistas cuya flota estacionaba en la bomba de bencina aledaña a su temporal residencia. “Ahí se concentraba toda la maldad, eran unos hijos de puta, pero también unos bacanes”, declara.

Aquella estela de peligrosidad se intuye en las canciones de Serendipity. Es la impronta que el compositor ha venido puliendo y que estalla por los parlantes, cuando pincha en su notebook algunos adelantos del futuro elepé. A gran escala, hay letras que hablan de amor, melodías trasnochadas, guitarreos sentidos, blues venenoso e incluso rock de arena. Todo lo que el grupo venía advirtiendo, ahora en versión maximizada y pulida a más no poder. “Yo creo que este álbum es la expresión concreta de una intención que viene desde hace un buen tiempo”, explica.

“El disco estará disponible desde septiembre, a fines de mes, no pretendemos hacer un tiraje muy explosivo. Ahora cuesta menos que, en primer término, lo escuche la gente a la que le interesa, los que han comprado yo, Jiminelson y Amor del Rey. Lo que ignoramos es hasta dónde se puede llegar. Con cada lanzamiento hemos tenido buena prensa. Y más que eso, con el último recibimos excelentes comentarios, que me parece un aspecto relevante porque pocas bandas pueden contar lo mismo. En todo caso, si los periodistas quieren decir que es malo, están en su derecho. Pero no lo van a hacer”.

En un medio que confunde al convencimiento con arrogancia gratuita, las declaraciones de Gustavo León podrían causar anticuerpos, si no fuera porque están sustentadas en una labor seria. “Aunque en Argentina sentí poca chispa para tocar y cantar, igual le eché para adelante en hacer las canciones. Con los arreglos de Emanuel González y el ingeniero Andrés Buchbinder, en Palermo, le empezamos a dar forma y lo alargamos más de la cuenta; exploramos todo lo que quisimos para quedar conformes. Acá seguí grabando hasta obtener el resultado que deseaba”, declara.

SIEMPRE LISTO

“Serendipity tiene ocho canciones, la misma cantidad de temas que Amor del Rey. Creo que la duración responde a que está lo mejor de lo mejor, simplemente, no necesito poner rellenos a estas alturas. Suena exactamente como corresponde y por algo se llama así, es
una obra. Cada álbum forma parte de una etapa de la vida, un período, una temporada. Es divertido porque se repiten los ciclos. Yo nunca imaginé terminar en esto. Me parece que ser músico y grabar es lo más vanidoso que hay, la mayoría de las veces es un acto superlativo de inseguridad. Pero también resulta algo bien especial, cuando le tomas el amor, lo encuentras la raja. No conozco a nadie que no sueñe con cantar, entonces, más te vale lanzar un trabajo bueno. Cuando saque uno malo, no pienso dar entrevistas”.

Durante toda la conversación, el frontman estuvo pinchando temas de su archivo y videos de YouTube; desde un primerizo Elton John hasta ‘Hot Lips’ de Pacifc. “Hago mis discos con el espíritu de quien escucha canciones sueltas. Tiene absoluta relación”, cuenta. Sobre la mesa, hay un vinilo y un libro de Chet Baker, de quien se confesa admirador con el mismo entusiasmo que empeña en hablar sobre La Onda; el proyecto paralelo que mantiene junto al bandoneonista
Daniel Villegas (su profesor de flamenco), en el que recrea rumbas, tangos y bulerías. Desde esa trinchera, León ha encontrado el perfecto campo de entrenamiento para practicar la interpretación desgarrada, que maneja con creciente experticia.

A falta de cenicero, el fundador de Jiminelson usa una copa que recibió como premio en un reciente torneo de singles. “Fui tenista desde siempre, viajé, viví solo en Estados Unidos a los 13 años. Jugué con Fernando González y estuve con Nicolás Mass cuando ganó el Orange Boal, son mis amigos, vamos al casino de repente”, dice al paso, mientras apaga un cigarro en el trofeo. Son rastros de un pasado que también incluyó tres años de Ciencias Políticas en la universidad, antes de embarcarse en el proyecto de ser músico y establecer Italia 90, la firma con la que trabaja codo a codo junto a Oveja Negra y Armónica.

“Ningún artista vende mucho, no hay que ser brujo ni ingeniero para saber que nadie está comprando discos, a los sellos no les queda otra que valorar la capacidad de trabajo que tenemos los músicos. Tienen que darse cuenta de que, confiando en nosotros, nunca se van a equivocar. Somos la nueva generación, los que vienen antes que yo, ya fueron. Tenemos que hacerla sí o sí. Puedo asegurar que no le debo nada a nadie. Lo que ves es lo que hay, esto se está desarrollando de la misma forma en que nació. No me interesa ser famoso ni multimillonario… bueno, multimillonario sí”, bromea.

Gustavo León mira con distancia el panorama nacional, especialmente a la decaída industria disquera y a quienes se acercan a él para ofrecerle tratos de uso de imagen. Jiminelson ha coqueteado con gerentes de ventas y figurando en campañas publicitarias de ropa, sin arriesgar su integridad artística en ningún momento ni canjear la mordacidad por conformismo. “Si hay una mala sensación respecto a cualquier propuesta, soy incapaz de llevarla a cabo, aunque me pongan mucha plata encima de la mesa”, asegura.

“La mayoría de nosotros, al principio, buscaba cómo hacer Lucas de la manera que fuera. Y el que terminó por aprender el truco mejor fui yo, probablemente. Siempre se trató de la música, pero el tema de los sponsors o de estar vinculado con marcas es muy gracioso, porque te pagan por hacer nada. Lo malo es que en Chile son contadas las cosas de buen gusto, por eso es más difícil elegir qué tomar, todo tiene doble fondo o doble filo. Puedes terminar aniquilado por cualquier decisión, todo está vinculado con asuntos medio oscuros. Yo todavía veo a los milicos en la calle. Este país quedó con la enfermedad de Pinochet hasta el día de hoy, convertido en lo que el viejo hijo de puta quería que fuera”.

Alejado del chovinismo de posturas nacionalistas y patriotas, Gustavo León no se complica en apuntar sus dardos hacia donde considere necesario, con tal de que ningún títere quede con cabeza. De hecho, su decisión de atravesar la cordillera también respondió a necesidades personales y no sólo a la grabación de Serendipity. “Es que hay que irse mientras se pueda. En Chile no te das cuenta y ya estás enterrado vivo. Tengo mis energías puestas en firmar un contrato afuera porque hacerlo acá es comprar un pasaje de ida al Parque del Recuerdo, que te chupen la sangre y tiren tu cadáver en cualquier lado. Yo voy por el sueño americano, por eso canto en inglés. En ese idioma sé lo que estoy diciendo, en español le achunto a veces nomás”, afirma.

“El pop y el rock lo tocan los cuicos, básicamente. Son ellos los que tienen los recursos. Hay personas, como los músicos, que se esfuerzan en tomar otra dirección, aunque no sea determinante ni signifique mucho. Acá sólo podemos quedarnos en el intento, es lo único que se puede hacer. La ilusión en este país no existe porque no hay forma de financiarla. Si te das cuenta de que naciste en una nación pobre, se terminan las complicaciones. Cuando me levanto en la mañana, no pienso en quiénes son los culpables, sino en la vida que puedo llevar y de la que me siento orgulloso. Disfruto de lo mismo que cuando tenía ocho años y cero noción de la realidad”.

A la espera de que Serendipity se transforme en un nuevo accidente afortunado, Gustavo León está listo para subirse a la primera buena ola que aparezca, mientras aguarda al acecho y atesora la satisfacción del trabajo bien realizado. “No resuelvo nada con canciones, tampoco creo que sea su propósito, siento que sirven para proponer imágenes y nada más. Uno vive tapado en problemas y todos poseen diferentes matices. Yo estoy preparado para cuando llega la buena suerte, jamás pierdo tiempo celebrándola, no me toma por sorpresa. A lo largo del camino, hay cien oportunidades para equivocarse hasta llegar donde uno quiere. Cada uno es el arquitecto de sus propias expectativas”.

Tío Lucho: Pronta entrega

El nuevo material de Tío Lucho está en camino y la banda corre detrás del disco que anhela alcanzar. Un álbum producido por Cristián Heyne y con letras enfocadas en la introspección emocional. Ya comienza el fin de la espera.

Llueve en Francisco Bilbao, Providencia, como en todo Santiago. La casa tiene dos pisos, la vereda es muy estrecha y esperar en la puerta –que da a la calle- es un atentado a la sequedad. Los Tío Lucho apaciguan la situación preparando café turco en la cocina, desde donde emana un aroma que invita a la conversación. Mientras Pitufo revuelve la pequeña olla, habla con vehementes elogios sobre Mecánica Popular y Gepe. Francisco Matta, apoyado en el marco de la puerta, tose profusamente y comenta que su garganta no anda bien. Pero el grupo va tan en serio que la salud es secundaria.

Más de dos años han transcurrido desde que la banda lanzara Lo Que Ahora Brilla Putrefacto Quedará. Un segundo álbum con sabor a debut, que les abrió puertas inesperadas luego de su rústica ópera prima, Cabrón de Jungla del 2006, editada por Algo Records. Con un claro mensaje antiglobalización, la colorida placa puso a los santiaguinos en radios y TV, los llevó a Buenos Aires y mostró que gozaban de amplia aceptación cuando los hizo compartir escenario con Ana Tijoux y Solo Di Medina.

“Que pase eso es bacán, significa que tenemos algo de lo que la gente se da cuenta. Lo que deseamos entregar está llegando. Éramos fanáticos de la música desde pendejos, pero también nos gustó tener una idea y manifestarla. Somos partícipes de lo que nosotros mismos pensamos, no podríamos hacerlo trabajando en una empresa, armamos Tío Lucho para expresarnos. Las letras tienen que hablar de algo, no podríamos tocarlas si no creyéramos en su mensaje. Esperamos que se traduzca en que el resto encuentre el sentido y en que entiendan lo que decimos”, declaran.

Subimos al segundo piso de la casa, donde el grupo tiene su sala de ensayo y vive Pitufo, para conversar más detenidamente sobre el disco que se encuentran produciendo. Escuchamos versiones preliminares de algunas canciones y la primera de ellas, con el provisorio título de ‘Un Día Cualquiera’, parte con una batería que suena gigantesca y apela al éter del shoegaze. Un sonido espacioso e inédito en cualquiera de sus trabajos anteriores. La explicación está en una bodega que llenaron de micrófonos, ahí fue donde grabaron el tema, que conserva hasta los ecos del lugar.

“Queríamos ese tipo de producción, a lo Jesus & Mary Chain o Love & Rockets, llena de impacto y con harto cuerpo”, explican. Lo que viene después dista de la muestra inicial, con variados tintes electrónicos que -a ratos- recuerdan al catálogo noventero de Underworld y después pueden asemejarse a ‘Radio Gaga’ de Queen tanto como a Corazones de Los Prisioneros. “En Lo Que Ahora Brilla Putrefacto Quedará, los arreglos estaban planteados desde la línea de cada instrumento. Ahora son todos en teclado, hasta los bajos los hicimos así. Prescindimos de la guitarra al momento de componer, queríamos lograr una capa sonora con sintetizadores. Nunca habíamos agregado tantas atmósferas, antes era más crudo el planteamiento. Tampoco hay invitados, como en el disco anterior. Acá la idea era tocarlo nosotros. Estamos usando el lenguaje electrónico y siendo más oscuros”, afirman.

“Con la mirada puesta en el vacío y la sonrisa mutilada. Salir solitario, borrado de noche, Salir solitario, borrado de noche”, versa una canción que sobresale del ramillete por su virulencia y autenticidad. Abundantes imágenes que se presentan como fotogramas dentro de una espesa cobertura maquinal. “El nuevo disco se enfoca en temáticas emocionales, todas las letras son un soporte para mostrar una sensación, a diferencia del disco anterior que era completamente contra el sistema. En el nuevo álbum, el hilo conductor es que el envoltorio pase por más estados: hay canciones tranquilas, tristes, exaltadas. Existe un vínculo entre la música y las palabras”, aseguran.

En la construcción de ese puente, uno de los arquitectos más importantes fue Cristián Heyne, quien asumió la producción de la placa. Su fino olfato pop, además de su excelente desempeño como administrador de recursos sonoros, aportó a que Tío Lucho pudiera acercarse aun más al producto final que busca. “Lo bueno que tiene él es que pesca la materia prima que hay, trabaja a partir de eso, no interviene en la matriz. Lo que hizo fue ordenar. Por ejemplo, una canción tenía una frase que nosotros decíamos una sola vez, pero para él era un coro obvio, entonces nosotros la repetíamos y le encontrábamos razón”, cuentan.

Pese a los resultados que están obteniendo, con casi la totalidad de la grabación completa y las tareas posteriores en el horizonte, el grupo no duda en expresar su preocupación. “Nos apremia demorarnos tanto. No somos como Carlos Cabezas, que se tarda 13 años en sacar su disco, lo maduró y ahora lanzará un álbum increíble. Ése es un tipo de plantemiento, nosotros ojalá tuviéramos una producción cada año, pero debemos ir paso a paso. Como no somos expertos, vamos haciendo escuela a medida que avanzamos. La idea es conseguirlo más rápido, hemos estado parados este año, en cuanto a tocar en vivo, y necesitamos terminar luego para volver a salir”, afirman.

Las ideas están claras. “Este disco vamos a tocarlo harto, siempre aspirando a más, no sabemos a qué, pero a más. Para nosotros ha sido una larga espera, por todo el tiempo que ha pasado, pero estamos seguros de que nuestro resultado será mejor que nunca. ¿Cómo reaccionará la gente? No se sabe, aunque esperamos cumplir, que nuestro disco sea como una zapatilla nueva que te queda perfecta. Apostamos a eso porque nos estamos moviendo siempre en la música, no en la cultura mainstream de Yingo, nuestra propuesta escarba un poco más allá. Sólo queremos sacar un buen álbum”.

Nano Stern - En Casa

31 de mayo de 2009. Lanzamiento del disco Los Espejos, tercer álbum de Nano Stern, en el Teatro Oriente. Un momento que pedía a gritos ser perpetuado. En Casa, el primer registro audiovisual del cantautor (dirigido por Benjamín Sandoval y Rodrigo González), muestra al cantautor y a la persona en su salsa; arriba y abajo del escenario, compartiendo canciones e historias.

Grabaciones del músico en diversos parajes, una conversación con el periodista David Ponce, imágenes de la antesala del show y –por supuesto- el mentado concierto. De ese material consta este DVD, que constituye un documento de alto vuelo musical y emotivo, en que el santiaguino hace lo mismo de siempre: conmover con experticia.

www.myspace.com/nanostern

14.6.10

Gepe: Rendición total


Audiovisión, el nuevo álbum de Gepe, fue la excusa para visitarlo en su departamento y sentarnos a conversar en el living durante una tarde sabatina. Por supuesto que nos contó pormenores del reciente lanzamiento, pero también desempolvamos recuerdos de los discos y personajes de infancia que marcaron su camino como cantautor.

Nadie conoce su propia dirección, si no sabe en qué lugares ha estado. Esa premisa es la que tiene a Gepe encaramado en el sitial de honor que ocupa, con su nuevo álbum convertido en comentario obligado sobre los lanzamientos nacionales del año y cada uno de sus movimientos documentado por la prensa. Audiovisión, la tercera placa del cantautor, es una vuelta de tuerca en un engranaje que funciona desde mucho antes de que lo conociéramos, con Taller Dejao, a comienzos de la década pasada. La génesis de Daniel Riveros como músico data de su infancia durante los noventa, cuando percutía con lo que encontrara su paso.

“Mis papás pensaron que sería una buena idea regalarme instrumentos, así que lo primero que me dieron fue una batería midi, a los seis años, comprada en una tienda de Carmen con Victoria en Avenida Matta. Aprendí a tocarla siguiendo cassettes de GIT, que es la primera banda a la que fui a ver en vivo, Xuxa y Scorpions. Después tuve teclado, el mismo que usé para Gepinto, y guitarra”, recuerda. Otro pariente cercano e importante en ese proceso fue un señor que ahora tiene 94 años y se llama Sergio Sepúlveda. El abuelo materno del solista.

“Era la persona más sensible de la familia, con opinión, anticatólico absoluto en una familia muy creyente. Oveja negra, pero muy respetuoso. Hacía esculturas súper bonitas. Él me iba a cuidar, me enseñó a amarrarme los zapatos usando una cuerda en un árbol. Tenía un taller atrás en su casa donde todo estaba hecho por él, desde la lámpara hasta las herramientas que usaba, su hacha, su martillo, su taladro. Ese espíritu creativo e intuitivo se me contagió. Muy análogo, artesanal y chasquilla. Y súper educado, leía muchos libros y me inculcó la música”, cuenta Gepe.

No sólo sus consanguíneos ayudaron a definir a Daniel Riveros como artista. En plena pubertad, a los doce años, un pacto selló buena parte de su esencia. “Cuando chico, era súper dogmático y con mi mejor amigo de ese tiempo hicimos una promesa: nunca decir garabatos, ni tomar drogas, nunca ser muy tristes o muy alegres, siempre intentar quedarse lo más neutro posible. Eso me marcó. Hasta ahora, trato de mantener distancia, sin ser frío ni hermético, sino dejar las cosas pasar y usar lo que me gusta, que salgan de una manera natural. Es mi forma de vida, mi ideal, apuntar a los objetivos con la mentalidad abierta, permanecer observando. Nunca asumir, ni siquiera en el vestuario, una postura muy abanderada. Ser liviano, pero crítico, trabajar, investigar, aprender, pero nunca de una forma obsesiva”, explica.

La importancia que el solista le otorga a su niñez se condice con el sonido que logra: jamás le ha hecho la desconocida a sus influencias, que son un conjunto rico en diversidad y desprejuicio. Su comportamiento lo avala. Apenas recibió a Extravaganza! en su departamento, el cantautor comenzó a preguntar qué discos de este año valía la pena bajar y también compartió su gusto por Soldier of Love, el último álbum de Sade. La placa corriendo en el notebook conectado a los parlantes y el café cargado en la mano fueron los testigos de esta conversación, en la que Gepe se explayó -con nombres y apellidos- sobre la producción artística ajena que ha ido absorbiendo durante su vida.

“Creo que a todos nos está pasando que escuchamos esa música del tiempo en que teníamos 12 ó 13, las canciones que se nos metieron en el cerebro cuando éramos ingenuos y no emitíamos un juicio crítico prejuicioso. A mí entraron sin filtro Santana, GIT, mucho del Sábado Taquilla, Simple Minds y Guns N' Roses. Con Blur tomé conciencia, pero del ‘94 hacia atrás tuve la mente súper prístina, ingenua. Muchos están en ésa. Ahora el tema es masajear el alma, no pasa tanto por la cabeza, sino por la guata y la inspiración infantil. Amo a Michael Jackson”, afirma.

La lista suma y sigue. “Me mato por Mazapán, aunque tenga esa connotación ochentera de derecha, había mucho barroco adentro de todos esos compases. Estoy seguro de que todas esas minas estudiaron eso: la danza, los arreglos y el clavicordio. Me influyeron mucho, se me olvida decirlo a veces; igual que El Volantín y La Vorágine de Los Jaivas, cosas que están a un nivel superior. Para mí, los greatest hits chilenos son Tobías Alcayota, lejos lo mejor del mundo; Bongo Bongo; los dos primeros de Jorge González solo; Corazones de Los Prisioneros y Congregación Viene. Puros discos para matarse, no se pueden someter a crítica, pasan al tiro a otro lado”, asegura Riveros.

“Estuvimos tanto tiempo escuchando con el ego, como el grunge, que tiene que ver con el ‘yo, con esta idea, quiero que mi actitud sea tal y tal manera’. Ahora todas las defensas cayeron, estás rendido, todos volvimos al Bachata Rosa de Juan Luis Guerra, a Thriller y Bad de Michael Jackson. Están en nuestra sangre, en un lugar súper íntimo. Es como querer a la mamá: te puedes enojar con ella, odiarla dos días, pero toda tu vida la vas a amar. Cuando te prepara tu plato favorito o cuando te llama para tomar once en la casa, no puedes hacer nada. Aunque la reniegues por mucho tiempo, ahí está”, compara el cantautor.

EN CONFIANZA

Desde el 2008, después del EP gratuito Las Piedras, sabíamos que el nuevo álbum de Gepe se llamaría Audiovisión. Un nombre que amalgama dos conceptos poderosos y representa la búsqueda del solista. “Lo que te proyecta una canción pop es como una referencia a imágenes, cuando escuchas desde Aluminum Group hasta Britney Spears, tú te imaginas cosas. Por ejemplo, en Merriweather Post Pavilion de Animal Collective, más que instrumentos, escuchas colores, masas, estrellas fugaces, acciones. Te conecta rápidamente, igual que los olores. Ahora recibí más influencia de películas, como WALL-E, que de música. Quería hacer un disco que dejara patente la experiencia global, sin ser pretencioso, sólo tratando de hacer lo mejor posible para que se notara la intención”, explica.

Pese a que la idea de la placa estaba en la cabeza de Riveros, no se quedó como una noción estática y cobró dinamismo. El proceso fue ayudado por un ambiente de trabajo entre amigos, en confianza. Tanto así, que con el productor Cristián Heyne pasaron horas conversando sobre asuntos extralaborales y compartiendo suculentos festines de comida de supermercado, jugando con los sabores de la pizza y los sándwiches, junto con degustar las bondades de la cocina árabe. Con el estómago satisfecho, el multiinstrumenta se dedicó a seguir complaciendo a las entrañas, protagonistas de su recién salido trabajo.

“Mi música es más del instinto. Es que yo creo que, al principio, siempre está la canción. Tiene que llegarte a algún lado o si no, no sirve. A mí me fascina Tortoise, Chicago Underground Duo, Nels Cline y cosas más cerebrales, como post rock. Pero creo que lo mío va más por la canción. Que sigas la melodía, que te agarre. No siempre me funciona, pero ahí es donde quiero llegar. Lo que me importa es trabajar a nivel emotivo, lo más a la vena posible, no siendo nostálgico, ni muy triste, ni muy alegre, ni nada. Que sean un ejercicio de sensibilidad en comunión con el potencial escucha. Me gustaría que la gente cayera rendida, comunicar, que no importe si tocas el tema en guitarra, piano o acompañado de toda la Filarmónica de Londres”, sentencia Gepe.

Ha sido casi una década desde que conocemos al solista, primero como batero de Taller Dejao y luego en formato individual, el 2004, cuando su EP debut fue editado y sus canciones comenzaron a ser compartidas en Ares y Soulseek. “Para mí, un disco siempre es una instancia distinta. En 5x5 no me sentía músico, pensé hacer un álbum mateo y dedicar todo el tiempo a que resultara lo mejor posible, nunca había grabado tocando guitarra y piano. Lo hicimos de a poco, probando miles de cosas, puta que lo pasé bien. Fue la primera vez, la más ingenua. Y se parece mucho a lo que hicimos en Audiovisión, porque en Hungría mandamos todo a la mierda, pedimos pizza y sacábamos todo de una, también lo pasamos la zorra. Pero lo nuevo empezó el 2008 y el año anterior ya existía el nombre. Lo pensé trabajando una línea”, afirma.

“Con Heyne nos juntamos mil veces a escuchar los demos, nunca había hecho maquetas y ahora hice montones. Estaba completamente programado al comienzo, era súper electrónico, se parecía a Gorillaz. Eso fue tipo octubre, noviembre, diciembre del año pasado. Después empezamos a grabar todo con instrumentos reales de por acá y por allá, y los bajos a cargo de Pedropiedra. Resultó un sonido cálido, noble”, cuenta Riveros. Además de los mencionados, su nueva placa incluye colaboraciones de Javiera Mena, Jorge González, Felicia y Danae Morales, Fakuta, Valeria Jara, Gonzalo Canales y la participación no acreditada de Cristian Araya (de Radio Duna y Super 45) haciendo palmas en ‘Alfabeto’.

Entre amigos, delegando trabajo y sin dar órdenes, Gepe estableció un ambiente apto para producir un disco de pop tan plácido como efectivo. El mismo espíritu fue transmitido en la portada del álbum, cuyas fotos son de la autoría de Mauricio Díaz, un chico de 14 años que capturó al cantautor jugando con distintos elementos. En lo que remite a las canciones, Audiovisión tuvo momentos de extrema fluidez a la hora de componer. “’Ayelén’ fue el primer tema que hice luego de ser papá, con la idea de que no me importaba nada. Más que esa canción represente tener un hijo, siento que significa lo que es quedar sin defensas. Igual que ‘12 Minerales’, estaba muy libre. Antes también me había pasado. ‘Los Barcos’ la hice en 5 ó 10 minutos, muchas veces me ha pasado eso, que salgan las cosas al tiro. ‘No te Mueras Tanto’ fue lo mismo”, recuerda.

Desde que se aventuró en formato individual, Daniel Riveros ha generado reacciones a su paso, un hecho comprobable en las plataformas virtuales donde su nombre encabeza algún posteo. Muchos aplauden su trabajo, otros también lo despedazan, pero el solista no sufre al respecto. “Yo intento establecer, de la manera menos invasiva y prepotente mi lenguaje, dejar que ocupe su espacio, conviviendo con el resto. No quiero ser predecible tampoco. Cuando uno se muestra tal cual es, cierta gente se siente atacada, es la actitud de los noventa. Me gusta cuando se dispone el espacio para decirte cualquier cosa, como en internet, yo siempre leo todos los comentarios. Pero, al final, con esas personas vamos a las mismas fiestas y terminamos de amigos”, confiesa.

Sin falsas modestias de por medio, Gepe reconoce el valor de su propio trabajo y de la puerta que abrió para otros cantautores, desde un prisma crítico: “Yo sé que significo algo en la historia, un poquito. Es bacán haber llevado la bandera de la sensibilidad acústica cuando yo estaba apestado de que toda la mierda fuera puro rock. Y no es que yo sea un enemigo de esa corriente, lo que pasa es que creo que es lo más simple del mundo y que es un poco fome también, siento más interesante y con más mensaje a lo que está afuera de eso. No entiendo cómo dicen rock chileno, en vez de música chilena, si hay cosas que no caben dentro de esa etiqueta, como Camila Moreno, Nano Stern o Deplasticoverde. Me gusta ser uno de los primeros que estuvo contra eso, planteando otro tipo de estética, medio naif, pero con personalidad. Me agrada, me siento cómodo, voy a defenderlo y seguiré haciéndolo”.

Portugal - Viajes de Memoria

En un mundo subyugado ante las emociones, Portugal serían amos y señores. Viajes de Memoria, el debut del grupo, hace de la sensibilidad un deporte extremo. Mariano Hernández, letrista único y productor del álbum (junto a Matías Figueroa y Pepe Lastarria de Drogatones), aparece como autor intelectual de las canciones de la banda y principal culpable de que el disco sea una prueba de fuego. Y es que, si cortes como ‘Nuestro Momento’ o ‘Donde Debo Estar’ no logran conmoverte, estás en problemas: perdiste la ternura. Pero, si ése es el caso, este quinteto nacido en San Antonio podría devolvértela a golpe limpio. Son 10 temas de factura impecable, esquemas impredecibles y temáticas confesionales, casi dolorosas. El piano de Valentino Baos le hace un flaco favor a los apáticos, imprimiéndole a este trabajo una atmósfera íntima y ensoñadora que será el deleite de los introspectivos. Una placa sumamente endulzada, pero con azúcar de la mejor caña.