24.10.13

Duro de matar


Aunque los críticos ingleses lo detestan, tal como sus colegas estadounidenses odian a Nickelback, James Blunt es un experto sobreviviente. Nunca pudo igualar el impacto de “You’re beautiful”, pero la decaída comercial no menguó su perseverancia. Es más, acaba de repuntar en popularidad saludando al folk de Mumford & Sons en “Bonfire heart”, el adelanto de un cuarto disco que se encargó de promocionar como un punto de inflexión en su carrera; un giro estético. Era una verdad a medias: en efecto, el recién salido “Moon landing” deja que expanda sus posibilidades, aunque el margen de acción es reducido. 

El ex soldado se prueba distintos ropajes. Ninguno le queda especialmente mal; el problema es que llegó tarde a los diseños de esta temporada. “Satellites” critica la interacción humana en la era digital, pero ese tipo de comentarios ya los hacía Rush en “Virtuality” de 1996. “Miss America”, dedicada a la memoria de Whitney Houston, tropieza en el inevitable paralelo con “Candle in the wind” de Elton John. “Postcards”, con una ración de ukelele, toma prestado el manual que leía Jason Mraz hace cinco años. 

James Blunt, un tipo sencillo y sumamente aterrizado (suena cortés hasta en un tema de ruptura como “Face the sun”), no se complica a la hora de escribir letras. Si bien peca de pedestre de vez en cuando, su soltura de cuerpo le permite cantar sobre un asunto olvidado en el pop actual: el compañerismo de pareja que decanta en matrimonio (“Heart to heart”, “The only one”). Es un involuntario gesto de rebeldía de parte de un cantautor cuyo esmero reside en las melodías. Su masiva fanaticada, sumida al parecer en la espiral del silencio -¿cómo un músico tan famoso consigue apenas 200 mil seguidores en Twitter?- puede tener la certeza de que sigue siendo el de siempre. Que se afirmen los detractores.

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