1.3.12

Los Bunkers: Clase magistral


Ni siquiera los próceres como Luis Miguel y Salvatore Adamo se salvaron de los baches de audio, pero Los Bunkers arrancaron sonando como a la perfección, prístinos y potentes, dignos del status internacional que ostentan. Más cancheros que nunca, los penquistas bromean tildando de "flojo" el acompañamiento del público en "Las cosas que cambié y dejé por ti", y critican los cantos antipinochetistas de la galería por obsoletos (luego de "Santiago de Chile"). Es que el efecto que causan es totalmente anacrónico, fuera de tiempo. Los Bunkers son el eslabón perdido, la última gran banda chilena de los 90, pero también las primeras estrellas nacionales de la década pasada.

Sobre los hombros del quinteto reposan años de tradición, no sólo criolla, sino también latinoamericana. La Santa Muerte mexicana aparece en la pantalla, además de Salvador Allende y Violeta Parra ("La exiliada del sur"). Su contemporáneo y amigo, Manuel García, los acompaña para recrear "Al final de este viaje en la vida" de Silvio Rodríguez, que presentan aludiendo a la opresión de la dictadura militar, tal como lo hacen al tributar nuevamente al cubano en "El necio". Del arsenal propio, el empalme sureño desenfunda "Pobre corazón", lejos lo más guitarrero que ha sonado en este festival poco dado a los decibeles, que sin embargo clama por más números rockeros: los gritos pidiendo gaviota, como pocas veces este año, no necesitaron la mediación de los animadores.

En buena lid, Los Bunkers derrocharon calidad y comprobaron su supremacía en el plano local, a punta de buenas canciones. Nada de llanto, nostalgia, ni discursos baratos; sólo buen gusto e incluso uno que otro sabroso mensaje oculto, como las notas de "Strangelove" de Depeche Mode que aparecieron -como de costumbre- mientras se desvanecía "Llueve sobre la ciudad". Pero, aunque la banda usa bastante material ajeno, sus neoclásicos ("Miño", "Fantasías animadas de ayer y hoy", "Canción para mañana") bastan para despertar las pasiones del "monstruo". En una última nota de distinción, el grupo no se vale de la figura de Felipe Camiroaga al ejecutar "Ángel para un final", confiado en su propia valía musical, como corresponde. El mejor show de Viña 2012 no secó los bolsillos de la organización, ni le causó jaquecas a los productores del evento con exigencias ridículas. Así se hace.

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