7.3.12

Matías Cena y Los Fictions: Si el norte fuera el sur


En Chile, uno de los fenómenos más atractivos de la década pasada fue la proliferación de cantautores. Solistas que, guitarra acústica mediante, entregaban su música online y también en el mundo real, donde fuera posible montar un concierto.

Universidades, bares y centros culturales se transformaron en epicentro de una tendencia que sirvió para que Matías Cena se diera a conocer. Con canciones melosas, que retrataban de forma patente la sensibilidad de la llamada "generación MySpace", el músico emergió gracias a material de calidad casera, el beneplácito de cierta prensa independiente y de colegas como Javier Barría, además de la simpatía que puede causar un solista capaz de añadir versos sampleados de Charles Bukowski al final de un tema ('Sales y salimos').

Con el paso del tiempo, el folk empezó a quedarle corto a Cena, quien dejó de tocar solo para empezar a probar un nuevo esquema, influenciado sonoramente por Conor Oberst (Bright Eyes) y Ryan Adams (Ryan Adams & The Cardinals) y acompañado por sus propios músicos. Primero bajo el nombre The Questions, editaron "A todos nos mintieron Vol. 2: Luxemburgo", la segunda parte de una saga iniciada por Matías en solitario, a través del EP "A todos nos mintieron: Spies Vol.1". El cambio de nombre vendría después, en homenaje al disco "Fictions" de Los Vidrios Quebrados, una de las piedras fundacionales del rock chileno, aparecido a fines de los 60.

"Arauco Cajun" es el nombre del segundo trabajo de este sexteto, conocido ahora definitivamente como Matías Cena & Los Fictions. Recién aparecido, el álbum fue editado por el sello independiente Algorecords, y su producción estuvo a cargo de Alejandro Gómez (de los grupos Guiso y Perrosky), uno de los pocos músicos latinoamericanos que ha trabajado codo a codo con el prestigioso estadounidense Jon Spencer (Blues Explosion, Heavy Trash).

De Chile y country rock, de lucha cajun y mapuche, y de cómo el norte puede ser el sur y viceversa, conversamos con Matías Cena.

¿Qué opinas de otros grupos chilenos, como Los Bandoleros o Andrés Lecaros y Los Forajidos, basados en el imaginario country rock, pero de carácter paródico y opuesto al de ustedes?

De ambas bandas tengo buenas impresiones de su música y lo que hacen, llevan mucho tiempo tocando y eso es muy admirable. Su estilo es bastante entretenido, pero no se parecen ni un poco a lo que hacemos con Los Fictions. Lo nuestro es menos forzado y más natural. Menos estereotipo country y más musical. Nosotros no somos vaqueros tocando country, somos musicos interpretando un estilo hermoso.

¿Entonces tu música puede ser considerada fruto de la globalización?

Claro. Gracias a la globalización y al exceso de información que puedo recopilar de cualquier lugar del mundo, logro tener una visión más compleja y documentada sobre ese estilo de música, sin quedarnos en lo superficial. Más que mi visión como chileno que vive a miles de kilómetros, es mi visión como revisionista e historiador de la música.

¿Consideras que "Arauco Cajun" es realmente tu primer disco junto a la banda? Tienen uno previo, pero aparte de que firmaban con otro nombre, "Luxemburgo vol 2" dejaba la impresión de todavía era sólo tuyo; en cambio, ahora se nota más fiato grupal.

"Arauco Cajún" es un disco de banda. Se nota en su formulación y su interpretación, además de la forma en que está grabado. Es un compendio de las aventuras y desventuras de una banda durante dos años. Además, gran parte de la composición musical del disco se debe a la creación de cada uno de los instrumentistas. Eso hace que cada canción tenga seis puntos de vista diferentes. Eso es tener buena fortuna.

¿Fue muy complicado reclutar gente para un grupo con una propuesta poco usual? Conor Oberst y Ryan Adams, tus influencias más notorias y cercanas, no suelen ser referentes en Chile.

Más duro que conseguir a los músicos, es conseguir los instrumentos y que alguien pueda tocarlos después de la excelente forma que ahora lo hacen Los Fictions.

¿Cómo fue para ti mezclar tus vivencias y lenguaje con un imaginario ajeno a tu entorno? En el disco, por ejemplo, hay referencias a ropa Zara, pero también a viejos autos Ford y a cosechas.

En general, al momento de escribir canciones, siempre he buscado caer lo menos posible en lugares comunes. Indagar en tu propia historia, referencias, anécdotas o referencias socio-culturales es la mejor forma de lograrlo. Cada uno es un ser completamente distinto a otro con historias diferentes y eso crea un mar de ideas por persona. Ahora, acercar esas ideas a tópicos universales de un estilo es la gracia y la puntada final. Hago que esas referencias country sean tan mías como de un joven de 24 que vive en Austin, Texas.

Según tú, ¿dónde está Arauco y dónde está la cultura Cajun en el disco?

Nombrar el disco como "Arauco Cajun" no es sólo conceptualizar la música (en gran medida sí, es una presentación al estilo), sino que también busca honrar a los mártires de una lucha que nunca termina en el sur de nuestro país. También es una forma de buscar una identidad personal, increíblemente perdida durante tantos años de adolescencia y juventud. Lo Cajun está en la apropiación cultural, en el uso de mandolinas y laps. En las mismas similitudes que hay entre la persecución racial a los cajun y a los araucanos. Es guerra, sangre y derrota física, pero es una victoria moral y social constante.

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