1.3.12

Marc Anthony: Alta pureza


Cambian los gustos y también los prejuicios. Si hace 20 años la música tropical -en su generalidad- era considerada “picante”, o al menos una preferencia que los más acomplejados omitían en público, hoy el panorama es distinto. Al lado de géneros como la nueva bachata, el reggaeton o la cumbia villera, la salsa es garantía de elegancia. Con “Aguanile” del mítico Héctor Lavoe, aparecida en la película “El cantante”, Marc Anthony inició una sesión en vivo impecable, que superó con creces lo mostrado la noche anterior por Luis Miguel. Alardes de su prestancia vocal, una banda numerosa y mancomunada en torno al ritmo, además de histrionismo a toda prueba, fueron las credenciales con las que el neoyorquino entró por la puerta grande al salón de la fama de Viña.

Bailarín, vocalista, maestro de ceremonia, director de orquesta, actor. Las facetas de Marc Anthony se desplegaron en un show que funcionó en dimensiones que van más allá de las propias de un concierto. Gracias a su formación actoral, las cámaras también jugaron un rol importante porque el músico no sólo se preocupó de cumplir en el micrófono, sino también de sazonar cada tema con expresiones faciales y ademanes que evidenciaban su enorme conciencia del espectáculo y de las cámaras presentes. Exacerbar las emociones era la consigna, aunque no se trataba de un montaje: la conexión con el público de Viña fue genuina y palpable desde que el artista subió al entarimado. “Y hubo alguien”, “Valió la pena” y “Hasta ayer” consiguieron que la Quinta Vergara le rindiera pleitesía al puertorriqueño por ascendencia.

En su primera vez en Viña, el solista se emocionó, lloró y besó el escenario como un ídolo de antaño. Este segundo paso por el festival no podía ser menos y legó a la memoria colectiva una versión –presuntamente improvisada- de “¿Y cómo es el?”, en compañía de José Luis Perales, incitado por el “monstruo” a iniciar un dúo que terminó con Marc Anthony de rodillas ante el español. De ahí en más, el resto de la presentación siguió viento en popa: “Contra la corriente” y el lucimiento de las percusiones, el cover de “Hasta que te conocí” de Juan Gabriel, la celebrada “Te conozco bien” y el cierre con “Tu amor me hace bien”. Ni siquiera la Gaviota de Oro sirvió para compensar semejante entrega y el show acabó entre gritos que exigían un trofeo de platino que nunca llegó. Al menos por lo mostrado en el escenario, Marc Anthony lo merecía más que Luis Miguel.

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