7.1.12

Hielo Negro - Altas mareas

“Lo que importa no es desde dónde sacas las cosas, sino hacia dónde las llevas”, decía el cineasta francés Jean-Luc Godard, citado por Jim Jarmusch en su lista de reglas de oro para filmar películas. Una máxima que también funciona cuando se trata de música y que, en el caso de Hielo Negro, cobra inusitado vigor al analizar su discografía. “Altas Mareas”, el último larga duración del listado, es un trabajo derivativo de un legado claro (que podría resumirse en siete palabras: Motörhead y todo lo que pasó después) al igual que sus antecesores, pero enuncia mejor su sentido y dirección.

El quinto álbum del trío nacional ahonda en las ya exploradas posibilidades de la impronta que el mismo conjunto define como rock patagónico (basado en tocar de la manera más sucia, densa y peligrosa posible), aunque ahora –curtido por la veteranía- el grupo alcanza su propia cima. Si cada disco de Hielo Negro fuese un borracho sentado en un bar, “Altas Mareas” sería el mejor compañero de tragos y conversación de todos; sin importar cuán maloliente y roñoso parezca. Ninguna de sus historias merece ser descartada, porque todas ocultan la sabiduría que sólo otorga quedarse despierto mientras el resto duerme y deja de ser dueño de su tiempo.

“Vagabundo de las noches, eres el elegido para vagar por las cantinas, testigo de otro mundo, bendecido con la música y noches eternas, demonio y ángel de la misma botella, vas descubriendo las sendas, es rudo este camino, pero vale la pena, habrás vivido como cientos de ovejas, todo esto fue intenso”. No son palabras pronunciadas por Charles Bukowski, sino por el cantante y guitarrista Marcelo Palma en la excelente ‘El Elegido’, la quintaesencia de Hielo Negro hecha letra y música. El imaginario del ensamble es tan amplio como dispersas pueden ser las divagaciones producto de la vigilia alcohólica, pero plasmado sin el dejo insulso con que el rock chileno ha abordado históricamente lo que pasa cuando el codo se empina.

No hay caricaturas, y tampoco gravedad extrema, en “Altas Mareas”, un trabajo más humano que lo humano, para citar a White Zombie. Por contradictorio que parezca, entre tanta inspiración turbia y agitación febril, el grupo encuentra su máximo punto de lucidez, quizás porque cualquier asomo de disparate viene justificado de antemano. Así, tiene sentido que declaraciones potentes como las del sencillo ‘Déjalo Ir’ (que apela directo a la figura materna, pidiéndole que se resigne frente al camino escogido por el hijo, como lo hizo el año pasado Devil Presley en su single ‘En la vida hay que pelear’) convivan con ‘No me acuerdo, no sucedió’ (el título explica todo).

Está fuera de discusión la fuente de la que bebe Hielo Negro para inspirarse. Musicalmente, las influencias son obvias y respetables. Lo importante es que los puntarenenses arrastran esos sonidos, que condensan el clásico concepto rockero de lo perverso, hasta acoplarlos al entorno que los rodea a ellos; el mismo que envuelve a quienes pululan por sus tocatas: ese Chile del bajo mundo y de la vida fácil, en términos temerosos. Un lugar donde las salidas tienen final incierto; un país con lugares ocultos y personajes de respeto, al que pocos narradores (audiovisualistas, músicos y literatos) han podido hacerle justicia. Godard, Jarmusch y el fallecido Bukowski estarían orgullosos.

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